
En un giro inesperado de la política exterior en el Caribe, el Kremlin ha confirmado este jueves que ya se encuentra en proceso de carga un segundo buque petrolero con destino a Cuba.
Este anuncio, realizado por el ministro de Energía ruso, Serguéi Tsiviliov, llega tras el éxito del primer envío que logró romper un cerco energético de tres meses que mantenía a la isla en una parálisis económica casi total.
«No abandonaremos a los cubanos» Desde un foro energético en Kazán, Tsiviliov fue tajante: «Un buque ruso rompió el bloqueo. Ahora se está cargando el segundo».
Esta decisión estratégica se consolidó tras reuniones de alto nivel en San Petersburgo entre delegaciones de ambos países. El primer cargamento, transportado por el buque ‘Anatoli Kolodkin’ (sancionado por EE. UU. y la UE), arribó esta semana con 100,000 toneladas de crudo, brindando un respiro crítico a la infraestructura energética cubana.

La postura de Washington: ¿Indiferencia o estrategia? Lo que más ha sorprendido a los analistas internacionales es la reacción del presidente Donald Trump.
Lejos de condenar la ruptura del bloqueo impuesto tras la captura de Nicolás Maduro en enero, Trump restó importancia al suceso.
«No me molesta… si les llega o no un barco de petróleo, eso no importa», declaró el mandatario estadounidense, calificando al gobierno de la isla como un «régimen con liderazgo corrupto» cuyo destino no se verá alterado por un cargamento de crudo.
Cuba al borde del colapso energético: La situación en la isla es dramática. Con una demanda diaria de 100,000 barriles, de los cuales solo producen 40,000 localmente, el déficit ha provocado apagones interminables y el colapso de servicios básicos como salud y transporte.
La Cancillería de La Habana ha calificado la ayuda rusa como «valiosa» frente a lo que consideran un intento de «asfixia» por parte de Washington.
Este segundo envío ruso se convierte, así, en el principal tanque de oxígeno para una economía cubana que lucha por no detenerse por completo.