
Tras asumir como presidenta encargada de Venezuela el 5 de enero de 2026, Delcy Rodríguez ha marcado un estilo de gobierno sobrio y de baja exposición mediática. En lugar de los largos discursos y programas televisivos de Nicolás Maduro, ha optado por comunicados oficiales y breves intervenciones, apoyándose en el ministro de Comunicación, Freddy Ñáñez.
Su primera acción simbólica fue visitar el Cuartel de la Montaña, donde reposan los restos de Hugo Chávez, reafirmando el vínculo con el legado chavista. Sin embargo, se ha mantenido al margen de las marchas organizadas por el oficialismo para exigir la liberación de Maduro y de su esposa, Cilia Flores, detenidos tras la operación militar estadounidense en Caracas.
Rodríguez ha insistido en que “hay un Gobierno que manda en Venezuela”, respondiendo a burlas y manipulaciones en redes sociales sobre su legitimidad. Mientras tanto, Donald Trump ha intensificado las amenazas contra su administración, advirtiendo que podría enfrentar consecuencias “más duras que las de Maduro” si no sigue la línea que Washington considera correcta.
En apenas ocho días, la mandataria interina se mueve entre dos frentes: mantener la cohesión con el chavismo y buscar un canal de entendimiento con la Casa Blanca, en un escenario marcado por tensión y vigilancia internacional.
