
El manejo del almacén central de medicinas de la Secretaría de Salud es un caso que debe contemplarse en el ámbito de la doctrina del asesinato en el campo del Derecho Penal. Porque, lo que se ha venido haciendo en esta Secretaría de Estado, responsable de la salud de los hondureños, es obstruir intencionalmente el aprovisionamiento de los medicamentos que son esenciales en los hospitales para que los médicos puedan salvar vidas. Al retener en forma deliberada las medicinas, para fines de comercio de ciertos grupos enclavados en esa oficina del gobierno, se ha propiciado la muerte de miles de personas, lo cual en el ámbito del Derecho Penal es asesinato.
Porque también se asesina a las personas cuando se les condena al abandono deliberado en los hospitales, sea por falta de atención o por no dotar a los hospitales públicos de las medicinas indispensables para los tratamientos de salud. Un paciente renal, que está sujeto a los delicados y costosos procesos de diálisis, por mucho que devengue en su empleo, no le alcanza para comprar las medicinas que complementan la diálisis. Un paciente oncológico de escasos recursos no tiene capacidad para comprar las medicinas que le recomienda el médico. Tener medicamentos atiborrados en las bodegas de la Secretaría de Salud, sin repartirlos a los hospitales, es igual a un régimen de terror que mantiene a los pacientes en el vilo de la muerte.
Siempre la Secretaría de Salud acuso una brutal ineptitud en la dotación de medicinas a los hospitales públicos, pero nunca antes llegó a la crueldad de mantener retenidos los medicamentos en las bodegas de Salud. El descubrimiento que hizo la comisión del ramo, encabezada por el nuevo gobernante Nasry Asfura, es espeluznante. Ver los bultos de medicinas, arrinconados en las bodegas de la SESAL, porque el más alto nivel del gobierno anterior así lo dispuso, provoca una reacción de horror, causado por las autoridades de Salud presididas por Carla Paredes, que con su empecinamiento y terquedad incurrió en dos delitos graves: tortura y asesinato de muchas personas, que sin duda perdieron la vida porque la SESAL prefirió embodegar las medicinas y no entregarlas a los hospitales.
A la señora Carla Paredes, exsecretaria de Salud, no se le puede acusar de negligente, porque la negligencia es descuido, falta de cuidado y lo que hubo en la SESAL fue una actitud manifiesta de dejar vacíos los hospitales, sin medicamentos. Esto prevaleció desde que la entonces secretaria de Finanzas, Rixi Moncada, decidió finalizar el contrato de fideicomiso que facilitaba la compra y entrega de medicinas a los hospitales en el menor tiempo posible. Rixi Moncada adujo que el fideicomiso era susceptible de corrupción, pero el trasfondo era sumir a los hondureños en la desesperación, con el deliberado propósito de crear caos entre las personas, porque el caos siempre fue la meta de Mel Zelaya para golpear el ánimo de las personas, volviéndolas contra el sistema, aunque el único culpable era el gobierno del PLR.
Lo que el gobierno presidido por Mel Zelaya y Xiomara Castro, implantó con esa atrocidad de ocultar las medicinas, dejando vacíos los hospitales, fue puro «terrorismo de Estado», que sin duda pudo causar numerosas víctimas, personas pobres de nuestros estratos sociales más necesitados que deambularon por los hospitales sin recibir ni atención ni medicinas, lo cual amerita una investigación del Alto Comisionado de Derechos Humanos, que provenga de una instancia internacional seria, porque el Comisionado de la ONU en Honduras ha demostrado que es una dependencia al servicio de las causas de la izquierda internacional.
La Secretaría de Salud, en estos últimos cuatro años, adoptó una actitud deliberada de desatender la salud de las personas de escasos recursos, porque la línea del gobierno no era procurar el bienestar de salud de los compatriotas sino lo contrario, al dejar vacíos los hospitales públicos, incluido el hospital del Seguro Social, puso en práctica una estrategia premeditada de exclusión, paradójicamente, algo que tanto condenan en su vocabulario marxista-populista los de LIBRE, pero, que en la práctica, fue un recurso empleado para propiciar muertes en forma adrede, actuando de otra manera a como lo hacen los grupos terroristas como ETA y AL QAEDA, porque el terrorismo no siempre usa la vía de la violencia, también se mata a muchas personas al condenarlas con la negativa de prestarles atención médica, al fin y al cabo, terrorismo es dar muerte, sea con la explosión de las balas o las armas, o con el abandono o privación de medicinas a los enfermos en los hospitales. Por lo tanto, esconder las medicinas en las bodegas de salud, dejando vacíos los hospitales, durante la administración del PLR, es un acto de terrorismo de Estado.
Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 10 de febrero de 2026.