
La captura de Nicolás Maduro por parte de EEUU ha sido como una depresión atmosférica gigante, con capacidad de perturbar todos los océanos y los mares, y de paso agitar las arenas de los desiertos. El chavismo venezolano y sus adláteres del continente, que han vivido a expensas de las regalías del poderoso «Cartel de Los Soles», el mayor emporio narcotraficante del planeta, están con su peor semblante. No les cae el veinte de cómo pudo ocurrir que las tropas élites de EEUU hayan podido perforar el blindaje humano que mantenía un cerco inexpugnable alrededor de Nicolás Maduro, creado por los rusos, que son expertos en la materia de los anillos de seguridad.
Estando ya en prisión, Nicolás Maduro es una historia contada, lo más importante es todo lo que se desatará cuando ofrezca sus primeras declaraciones a los fiscales de Nueva York, porque, cueste lo que cueste, Maduro también deberá hablar. Porque de eso dependerá su futuro en el tiempo de prisión; enfrentarse al juicio al declararse no culpable, porque inocente no es, le costará una sentencia de por lo menos dos cadenas perpetuas, de manera que solo podrá amortizarlas con la información que pueda ofrecerles a los fiscales, como hacen todos los delincuentes y criminales, al enfrentarse a la realidad de tener que vivir una eternidad en prisión o morir antes de tiempo, cuando el ápice de dignidad que les queda los obliga a tomar la salida del suicidio. Aunque en el caso de Maduro, por el temple merenguero que le hemos visto cuando se expone al público, parece no ser una persona que pertenece a la raza donde la dignidad no es un adorno, sino parte del torrente sanguíneo.
Al capturar a Maduro, Estados Unidos no cometió una agresión, ejecutó la captura de un criminal que ha estado moviendo el tráfico de drogas a gran escala, contando con aliados oportunistas del circuito norte-centroamericano y del caribe que se han acomodado como socios del negocio, compartiendo las ganancias del narcotráfico. Por eso es que los politicos hondureños afines al chavismo defienden a capa y espada al «Cartel de Los Soles», llegando a negar su existencia, porque siendo beneficiarios directos e indirectos, la mejor defensa que encuentran para defender a Maduro y el «Cartel de Los Soles» es alegar que no existe, y que todo es una farsa de Trump y EEUU.
Perteneciendo a la familia chavista, los del PLR han encontrado el maravilloso equilibrio del dinero fácil del narcotráfico. A lo largo de estos años hemos podido informarnos de cómo está integrado el «Cartel de Los Soles». El Diario ABC de Madrid fue el primer medio que hace diez años publico varios reportajes donde informo que fue a sugerencia del capo colombiano Pablo Escobar, que Hugo Chávez urdió y organizó el «Cartel de Los Soles». Chávez, cuando no hallaba donde colocar a los altos jefes militares que se retiraban del ejército y que había que crearles un nicho de negocio para que ganaran dinero y le reportaran buenas utilidades al chavismo para constituirse en un proyecto político fuerte. Chávez empezó a expandir el Cartel, en la medida que surgieron políticos ambiciosos de izquierda, entre ellos los esposos Néstor y Cristina Kirchner en Argentina, Gustavo Petro en Colombia, López Obrador en México, el sacerdote Fernando Lugo en Paraguay, Lula Da Silva en Brasil, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador, el FMLN en El Salvador y luego el surgimiento de Mel Zelaya en Honduras.
El «Cartel de Los Soles» se convirtió en una cadena narcotraficante bien ensamblada, que finca sus operaciones para comerciar la droga en EEUU, donde por desgracia está la fuente de consumo de estupefacientes más grande del mundo. Por esto es que las autoridades de EEUU le han declarado la guerra sin cuartel a los narcotraficantes. La captura de Nicolás Maduro no es el fin del «Cartel de Los Soles», es apenas el principio de la contención de este gigante del narcotráfico. En los círculos del chavismo hondureño, que, eso es el PLR, la captura y encarcelamiento de Nicolas Maduro, ha generado una tensión brutal, y no es para menos. De este hecho se derivarán otros, habrá más capturas, y los capturados obviamente serán los socios y aliados de Nicolás Maduro.
Todos aquellos que no tuvieron empacho para exhibirse como aliados de Maduro, inevitablemente fueron inscritos en el libro negro donde están los asociados y herederos de la actividad del «Cartel de Los Soles». Esto no es una presunción barata, es la realidad de la guerra contra el narcotráfico desatada por EEUU y profundizada con mayor fuerza por Donald Trump, al tipificar a los narcotraficantes como parte de la ola del terrorismo internacional. Debemos esperar en Honduras que pronto haya acciones para extraditar a todos los políticos que no tuvieron la mínima vergüenza de exhibirse como amigos de Nicolás Maduro y por ende del «Cartel de Los Soles». La tensión aun no brota en nuestras calles, pero viendo lo ocurrido con Nicolás Maduro, arrebatado por las tropas élites de EEUU en una forma espectacular, se puede colegir que los aliados de Maduro en el PLR están devastados por la tensión.
Perdieron las elecciones el 30 de noviembre, con un marcado desprecio de la inmensa mayoría de los hondureños, por lo que ya no podrán conservar ínsulas de poder por la fuerza. Y ahora, ya no tienen la gran plataforma dónde refugiarse que era el reducto de Nicolás Maduro en Caracas. Venezuela ya no está para repartir tafetanes a los vividores del chavismo, el mismo «Cartel de Los Soles» entra en un estado complicado al no poder exportar las drogas que es su modus vivendi. Pero, así sucede, son los reajustes inevitables de las sociedades malas como son las del crimen organizado, donde el «Cartel de Los Soles» hoy está enfrentando la guerra mundial que le ha declarado EEUU. Una guerra que no amaga y que por lo que se ve no se detendrá.
Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 5 de enero de 2026.
