
En la recordada melodía «Yo no fui» interpretada a mitad del siglo pasado por Pedro Infante y Benny More, la letra decía: «si te vienen a contar cositas malas de mi… manda a todos a volar y diles que yo no fui». La letra de esta canción fue adoptada como propia por los dirigentes del, PLR; el que más se ha beneficiado de ella a lo largo de su vida es Mel Zelaya: después de que tira la piedra, esconde la mano y luego viene con la expresión favorita: yo no fui. Pero, como no hay líder sin seguidores, la diputada Isis Cuellar salió «copia al carbón» de Mel Zelaya. Ayer, cuando compareció a los tribunales, actuando como una diva de la mentira, ante las diversas cámaras y micrófonos, se dio el lujo de engolar la voz para expresar en tono alto: «yo no soy corrupta», adoptando la misma pose de quien ella considera que es su presidente eterno.
Por supuesto que la diputada Isis Cuellar al manosear grandes cantidades de dinero público sin tener ninguna condición en el gobierno para percibir dineros del Estado, es una persona corrupta de primera categoría, que deberá pagar las consecuencias pasando un tiempo en la cárcel. Personas como la diputada Isis Cuellar, que según lo expresado por el extitular de SEDESOL, aludió a una relación extramarital con un miembro de la familia Zelaya para sentirse segura de que no afrontaría ninguna consecuencia legal, son la madre del cordero en materia de corrupción. No recordamos que haya otro caso igual en la historia de la corruptela hondureña, por lo menos no que haya admitido en forma tan descarnada como lo hizo la diputada Isis Cuellar. Cuando una dama usa como escudo algo tan íntimo como es una relación extramarital para protegerse de una mala acción que ha cometido, y que pensamos que toda mujer que no ha perdido la vergüenza la maneja como un secreto, dispuesta a llevarlo hasta la tumba, es porque se trata de una persona impúdica, que creció en un hogar sin valores ni principios.
Cuando la revelación de una intimidad extramarital le sirve a una mujer para escapar de la inmoralidad, como es vivir de la corrupción, es porque la persona ha perdido todo sentido del honor. Es porque esa persona admite que ser escoria de la sociedad es preferible a vivir en la modestia que depara la rectitud, y que, si la entrega de su cuerpo a un mandamás de la política es la garantía para blindarse en la impunidad, no hay porque temerle a la ley y a la justicia. Este es el mensaje de baja ralea que la diputada Isis Cuellar le confió a su camarada secretario de SEDESOL, a manera de burla, considerándose una «intocable» del PLR por tan poderosa coraza.
La expresión de la diputada Isis Cuéllar, manifestada al llegar a la Corte, «yo no soy corrupta» es la afrenta a la nación hondureña de una persona sin una pizca de moral, por creer que Mel Zelaya, a quien considera su presidente eterno, la podrá salvar de la justicia, porque piensa que el expresidente aun controla el Poder Judicial y el Ministerio Público a través del fiscal general Johel Zelaya. Y es posible que tenga razón, ambas instituciones que se mantienen de facto, producto de un acto nulo ejecutado por el expresidente usurpador del Congreso, Luis Redondo, la trataron con guante de seda. Y hasta la sobreprotegieron al abandonar la sala donde rindió su primera declaración. La diputada Isis Cuéllar es una privilegiada del Poder Judicial de facto.
Pero, lo inadmisible es que se erija como un monumento al cinismo, cuando con todo el garbo de su garganta, grito: «yo no soy una corrupta». Por lo visto, la ignorancia y la inmoralidad le han plagado de cinismo el cerebro a dona Isis Cuellar. Vive inmersa en la corrupción y se jacta de no ser una persona corrupta. Quizás porque en el feudo partidario donde desarrollo su carrera política, el Partido Libertad y Refundación, sus líderes que son castos corruptos, fincaron la teoría de que, en LIBRE (PLR) tienen la bizarra condición de ser «corruptos a toda honra». Esto desde luego es la caparazón con que se protegieron en LIBRE durante cuatro años: «somos corruptos pero corruptos honrados», para cometer las mil y una tropelías que provocaron la indignación del pueblo hondureño, que se vengó con furor en las urnas el pasado 30 de noviembre, echándolos del poder como se lo merecían.
La diputada Isis Cuéllar se merece un sitial en la cumbre del cinismo, se lo tiene más que merecido, porque nos ha demostrado que, en sí, que ella es un monumento al cinismo. Seguro que, aunque lo que le depara el futuro es la cárcel, si es que el Poder Judicial de facto quiere restañarse ante la sociedad, ante la opinión pública, que no tenemos más poder coactivo que el de ser la vindicta publica que castiga lo que la justicia apana, lo que menos se merece esta diputada de marras, es el tiempo en prisión que la ley establece para el delito de manosear dinero público sin tener ninguna función para percibir fondos del Estado, como si fuera una secretaria de Estado. Es lo menos que se merece la diputada Isis Cuellar.
Así son las cosas y así se las hemos contado hoy viernes 6 de febrero de 2026.