
La insolencia es la desfachatez de actuar de una persona, con descaro, falta de respeto, arrogancia, o atrevimiento, manifestándose a través de dichos y hechos ofensivos, en tal actitud de confrontación con la ley, o con una autoridad superior, lo cual implica una conducta desvergonzada y desafiante, cuando se da el caso de estar ante una superioridad jerárquica, y en el ámbito familiar, es insolente el hijo que desoye o desafía a los padres y a los mayores de edad. El exfiscal Johel Zelaya actuó con la insolencia propia de un descarado o un desvergonzado, o un ignorante que por desconocer adrede la situación en que lo colocan las circunstancias, cree que, aun teniendo la soga puesta en el cuello, mantiene la manija del poder y es quien domina la situación.
Johel Zelaya, aun soberbio, sin percatarse que era el primer enjuiciado por violar la Constitución en perjuicio de los hondureños, que el 9 de marzo y 30 de noviembre pasados, pudieron ver cercenado su derecho de ejercer el sufragio, se presentó ayer ante una comisión de diputados encargados de escuchar sus declaraciones en el juicio político, en representación del pleno de diputados que es el nivel superior del Poder Legislativo. Johel Zelaya, luego de ser suspendido del cargo, perdió la noción del momento y creyó retrotraerse a los tiempos en que, al disfrutar del respaldo del gran cacique del PLR, podría darse el lujo de burlarse de todos, mintiéndonos, y creyendo que con sus mentiras nos daba atol con el dedo.
No se dio cuenta que estaba en el banquillo como acusado, suspendido del cargo, con todos los hilos de poder cortados, sin posibilidad de tener una tabla de salvación, sacó lo peor del repertorio de la insolencia que ha sido una de sus fortalezas para reírse de quienes le señalan sus abusos y arbitrariedades. Creyó que estaba en ventaja sobre los diputados de la comisión especial que tienen la misión de escudriñar todos los desmanes que cometió en el cargo de fiscal general, al que fue enviado por el alto mando del PLR para blindar el proyecto político de perpetuarse en el poder. Johel Zelaya no midió las consecuencias que debía afrontar por violar la Constitución, por hostigar a las consejeras del CNE, hecho que buscaba torpedear el proceso electoral, desde las primarias hasta las elecciones generales.
Sin embargo, Johel Zelaya apenas es la punta del iceberg, su caída presagia la caída de un animal grande del PLR. Al ser destituido Johel Zelaya, afloran muchas de las iniquidades cometidas, que son atentatorias a los derechos humanos, un aspecto muy sensible que EEUU castiga con mucho rigor. Y como muchos de los abusos cometidos por Johel Zelaya, fueron por encargo del alto mando del PLR, la mano de la justicia internacional (EEUU) de nuevo puede extenderse hacia nuestro país, por medio de la temida extradición, que todos los hondureños conocemos y que no hace salvedad ni excepciones, de manera que, en una especie de carambola de billar, detrás de la separación de Johel pudiera esperarse una acción inesperada contra su patrón, que ya no tiene la aureola de constructor de victorias, que un descerebrado del PLR le endilgó hace cuatro años, pero que se le vino al suelo con la estruendosa derrota que los electores le infringimos al PLR, a Mel Zelaya y su candidata Rixi Moncada.
La insolencia, como toda vaguedad, solo lleva a estrellarse al insolente. La insolencia de alguna manera equivale a suicidarse, un insolente que desafía a lo imposible cava su propia tumba. Johel Zelaya hizo eso y mucho más en su contra, en el momento que se quiso dar el taco de ofender a quienes lo tenían en el punto de mira, para destituirlo del cargo sin contemplaciones, cosa que han concretado este día. El paso de Johel Zelaya por el Ministerio Público es un asunto sin pena y sin posibilidad de algun pedazo de gloria. No hizo lo que le correspondía hacer conforme la ley, por el contrario, violó la Constitución porque así se lo pidió el alto mando del PLR y él, como un fiel servidor de los amos, se prestó a hacerlo sin medir las consecuencias que hoy deberá pagar.
Porque, el caso de Johel Zelaya no solo es de perder el cargo de fiscal general, en las condiciones que ha sido destituido, equivale a una muerte profesional, una salida deshonrosa, que termino de agravarse por su estúpida insolencia de retar y hasta increpar a los diputados encargados de concretar el juicio político. Eso es no darse cuenta donde se está ubicado. Johel Zelaya hasta se pavoneo al final de su comparecencia, creyéndose uno de los 7 sabios de Grecia, un pobre ingenuo que creyó que podía poner de rodillas a sus verdugos que en ese momento le tenían lista la guillotina.
Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 25 de marzo de 2026.