
Nos hizo mucha gracia la expresión usada por el presidente del Congreso Nacional, Tomás Zambrano, al autocalificarse él y todos los diputados como «mandaderos del pueblo». En el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, un mandadero es la persona que hace los mandados de la casa, de la oficina, de los conventos y de las cárceles. Como también hay mandaderos de alto nivel, que hacen los mandados importantes como los negocios de las empresas. Todos los funcionarios del Estado, desde el Presidente de la República hasta los conserjes de las oficinas públicas, son mandaderos del pueblo hondureño. El diputado Tomás Zambrano, al autodenominarse como mandadero del pueblo, como son todos los diputados, no incurre en un acto de demagogia, está definiendo el verdadero papel de los diputados, todos son nuestros mandaderos, porque es de nuestros impuestos que pagamos al gobierno de donde reciben sus salarios y algunas canonjías.
Ha hecho bien el presidente del Congreso, Tomás Zambrano, en recordarle a sus colegas de Cámara, que no se tiren de los cabellos para sentirse como jinetes en el aire, porque en el fondo todos son mandaderos del pueblo, lo que implica que están para atender las exigencias y las demandas del pueblo hondureño, que fue el que los llevó a una curul en el Congreso Nacional. Escuchar a unos diputados expresarse como si fueran los nuevos dueños del país, ni más ni menos como en su momento lo hacía el usurpador Luis Redondo, nos obliga a recordarles que su mala actitud de desoír el mandato del pueblo hondureño, los retrata como los nuevos oportunistas de la política hondureña.
El mandato del pueblo hondureño es someter a juicio político a todos los funcionarios que violaron la Constitución. Que diputados como Wenceslao Lara y Carlos Umaña, pretendan que los hondureños nos chupemos el dedo con sus argumentos majaderos, de que los diputados están para atender la crisis nacional y no para distraerse en juicios políticos, es suficiente para conocer a la clase de personas que llegan al Congreso Nacional a saciar sus intereses políticos personales. Los diputados son legisladores, por excelencia son los llamados a crear las disposiciones y normativas para que Honduras viva en orden, en paz y tranquilidad. Todo esto conlleva a crear un estado que viva en decencia. Para eso los diputados tienen sus respectivas atribuciones contempladas en el art. 205 de la Constitución de la República. Y en ninguna de sus 45 atribuciones está la obligación de resolver o encargarse de una crisis nacional.
Atender los problemas administrativos es competencia del Poder Ejecutivo, que es el órgano electo con un líder denominado Presidente de la República. Es sobre esta figura y su equipo de gobierno que recae la responsabilidad de atender todos los asuntos y tareas que tienen que ver con la buena marcha de la administración del Estado. Solo la idiotez, producto de la crasa ignorancia, puede llevar a estos diputados a decir tonterías, como la de considerarse salvadores de crisis; eso es ignorar que toda crisis es menester que debe atender el gobierno central que preside en estos momentos el señor Nasry Asfura, electo por una mayoría de la población.
El diputado Tomás Zambrano, presidente de la Cámara, tiene los pies sobre la tierra. Zambrano sabe que los diputados solo son mandaderos del pueblo, que están para acatar el mandato del pueblo hondureño y la voz del pueblo en estos momentos, es que el Congreso Nacional proceda a implementar el juicio político contra Marlon Ochoa, Mario Morazán, Rebeca Ráquel Obando de Melara, a los siete diputados usurpadores de la seudo Comisión Permanente, y juicio común contra Roosevelt Hernández y Luis Redondo. Esto si es responsabilidad de los diputados del Congreso Nacional, los diputados que quieren salirse por la tangente con la estupidez de sentirse salvadores de crisis, están cometiendo un delito, al desacatar la voz del pueblo.
Nos obligarán a mencionar sus nombres, uno por uno, para que el pueblo hondureño los identifique y los descalifique en las próximas elecciones. Los diputados que rehúyen a su deber que les establece la Constitución de la República merecen ser castigados. No son merecedores de ocupar una curul en el Congreso Nacional. Deben saber que son mandaderos del pueblo, porque sus salarios son pagados con nuestros impuestos. Les damos la oportunidad de que rectifiquen, deben alinearse con el mandato de la Constitución. No fueron electos para salvar crisis como de manera infantil dicen Wenceslao Lara y Carlos Umaña. Fueron electos para cumplir con las atribuciones que les impone la Constitución, entre ellas aplicar sanciones a quienes violen la carta magna.
Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 8 de abril de 2026.