
El informe contundente de la Misión de Observación Electoral de la Unión Europea sobre el resultado de las elecciones del 30 de noviembre pasado, es contundente: el resultado electoral es limpio, no hubo fraude, como alegan las partes perdedoras. Siendo una misión de altura, calificada por la seriedad de los observadores, el proceso electoral en el que resultó electo como nuevo presidente de Honduras, Nasry Asfura, queda despejado de cualquier tipo de duda que le puedan inyectar los sectores que se sienten resentidos por el resultado adverso. El jefe de la Misión de la Unión Europea hizo un relato pormenorizado del evento electoral del 30 de noviembre, constató ciertos actos de violencia, protagonizados por grupos del sector oficial que intentaban socavar la integridad del evento para ponerlo en favor de la candidata del PLR, Rixi Moncada.
Dando seguimiento al conteo final de los votos, la Misión de la Unión Europea concluyo que no hubo fraude, lo cual desvirtúa de manera particular la insidiosa campana del PLR a través de sus voceros más fanatizados: el consejero Marlon Ochoa y la excandidata Rixi Moncada, que tratan de establecer una trinchera de excusas para salvaguardar a Marlon Ochoa de un inminente juicio político, en el que tiene todas las pruebas visibles y no visibles en su contra, por su malintencionada intervención de manera sistemática con el malsano propósito de echar a perder, primero las Elecciones Primarias del 9 de marzo y después, evitar a toda costa que se hiciera la declaratoria con lo cual se hubiera consumado un Golpe de Estado técnico que hubiera permitido la extensión del Gobierno de Xiomara Castro con la complicidad de la directiva usurpadora del Congreso presidida por el exdiputado Luis Redondo.
Nunca antes hubo en Honduras unas elecciones tan acosadas por un gobierno como las del 2025, con lujo de violencia, en primer lugar, por parte del consejero del PLR, Marlon Ochoa, por el jefe del Estado Mayor de las FFAA, Roosevelt Hernández, que abandonó la obligación castrense de someterse al CNE para dedicarse a actuar como un politiquero de oficio, y como si fuera poco, de todo el aparato gubernamental y la maquinaria del PLR. Fue una guerra desde el oficialismo contra el CNE, el único organismo institucional que quedó en pie, fuera del alcance del Partido PLR y del gobierno de Xiomara Castro. El CNE, dependiendo de la fortaleza moral y física de las consejeras Cossette López y Ana Paola Hall, mujeres virtuosas por su admirable entereza, fue capaz de resistir la andanada de ataques con los que el PLR buscó aniquilar a las consejeras López y Hall, que en ese momento de incertidumbre se constituyeron en dos murallas, ante las cuales Marlon Ochoa, Roosevelt Hernández y toda la jauría rabiosa del PLR, mordieron el polvo.
El PLR intentó hacer el fraude de mil maneras, desde el 9 de marzo contando con la complicidad del alto mando militar presidido infortunadamente por Roosevelt Hernández, llevando su feroz acometida hasta las Elecciones Generales, ostentando el consejero Marlon Ochoa la capitanía del acoso, con su estilo agresivo, como suelen hacerlo los inquisidores de los regímenes autoritarios, mediante roces continuos para provocar en un principio a la consejera Cossette López, buscando sacarla del contexto del CNE. Mas, sin embargo, la consejera López pudo resistir la andanada de hostigamientos de Marlon Ochoa, que llevo a cabo una guerra caliente en su contra.
Ya en la etapa de las Elecciones Generales, Marlon Ochoa se dedicó a desestabilizar a la consejera Hall, pero a esas alturas estaba ya frente a las dos consejeras, hechas un solo nudo, defendiendo las Elecciones Generales. Esta situación no era comparable en nada a las elecciones anteriores, se trataba de un gobierno que en forma desesperada buscaba afanosamente ganar las elecciones en forma amañada. Lo sabíamos los hondureños, pero por fortuna, también lo comprendieron a tiempo los organismos internacionales que actuaban como observadores. ¿A qué viene ahora el histerismo de Marlon Ochoa, queriendo hacerse la víctima, cuando el papel que asumió en todo momento fue el de acosador, el de victimario, el clarísimo papel de «son of a bitch», que al contar con el apoyo del más alto jefe militar, el descarado Roosevelt Hernández, al no poder consumar su maldito propósito de robarse las elecciones, ahora quiere salir pitando, quedando como el mártir de la trama donde la orden era boicotear las Elecciones Primarias y escamotear las Generales para llevar al PLR a su objetivo de perpetuarse en el poder. Marlon Ochoa es la desvergüenza personificada.
Marlon Ochoa, el verdugo de las consejeras Cossette López y Ana Paola Hall, ahora sale como el perrito faldero que se lame las nalguitas cuando el amo le da unas palmaditas para que baile. Marlon Ochoa asume el papel del viejo adagio, el acosador que se declara acosado para defenderse cuando ve acercarse el brazo de la justicia, que se extiende para alcanzarlo y aplicarle los azotes que se merece. Actuando como un galgo goloso, pretende conmover con su ridícula postura de víctima, que no le queda para nada, porque lo suyo es la de un mentiroso de oficio, y de un necio empedernido. No lograra conmover a nadie con sus lágrimas de cocodrilo. Le espera un merecido juicio político, acusado por el grave delito de boicotear un proceso electoral con dos elecciones, en las que fue protagonista de un delito monstruoso: ¡ROBARSE LAS ELECCIONES DEL PUEBLO HONDUREÑO! Reiteramos: ¡Marlon Ochoa es la desvergüenza personificada!
Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 3 de marzo de 2026.