
En 1968 leí la primera novela de Mario Vargas Llosa, «La Ciudad y los Perros», inducido por Salvador Valladares, director de El Cronista Dominical, en el que yo era el encargado de los deportes. Antes de abrir el libro, imaginé que la obra tenía que ver con la abundancia de chuchos en una ciudad, pero en la medida que me adentré en la lectura, me encontré que el mensaje de la novela giraba sobre la corrupción y la violencia en una sociedad. Poco a poco, al agarrarle el hilo a la narración, me enteré que la famosa novela se trataba de la historia de jóvenes estudiantes de un colegio militar, en el que, no se les permitía desarrollarse como personas dignas, al convivir sometidos bajo un régimen humillante, del que difícilmente podían formarse en una forma normal.
El concepto de «vida de perros», al que nos referimos con frecuencia cuando las condiciones de vida son extremadamente duras, paradójicamente está permeando a la juventud de varios países del planeta, que se ha dejado atrapar por una moda extravagante entre los jóvenes, que han sido convencidos por esos creadores de hábitos estúpidos para que se comporten como perros, y otros animales. Existen los disfraces que se usan por temporadas en las fiestas, se usan por momentos como diversión, pero, hasta ahora no habíamos visto que se adoptara como comportamiento impropio que los jóvenes tengan que actuar y comportarse como animales, porque así se los impone la moda.
Si bien es cierto que hay animales que tienen ventajas físicas respecto a los seres humanos, porque ven, oyen y hasta huelen mejor, corren más rápido y sus mordiscos son más dañinos que los de una persona. Sin embargo, los animales no necesitan casas para vivir, ni escuelas en las que se les ensene lo que deben saber para sobrevivir en un mundo hostil. En cambio, las personas, los seres humanos, si nos despojamos de nuestras prendas de vestir y nos desnudamos, temblamos de cuerpo entero cuando hace frío, padecemos de hambre y de sed y si estamos solos, tenemos miedo. Todo eso lo percibimos porque contamos con el saber. El resto del mundo, poblado por los animales, por no tener uso de razón, actúa de una forma natural para sobrevivir.
La inescrupulosidad de los creadores de moda, les permite conocer la debilidad de los jóvenes de nuestro tiempo, que, al no leer carecen de conocimiento, resultan presa fácil de los hábitos estúpidos. Actuar como un perro es una cosa, comportarse como un perro u otro animal es diferente, como lamentable y triste. Es una forma de comportamiento que se ha puesto de moda cuando los jóvenes de muchos países se han dejado seducir por los «engatusadores» que se vuelven millonarios al encontrar un verdadero filón en la mente frágil de los muchachos de hoy, que pasan ensimismados con cada uno de esos inventos raros, como eso de comportarse como perros u otros animales, distorsiones que además de aberrantes, en el fondo tienen un fin que trastorna la personalidad humana y que pueden conllevar a una peligrosa conversión que vuelva loca a una persona.
Las autoridades, la iglesia, y la sociedad hondureña en general, deben ponerse sobre alerta y no adoptar una actitud pasiva como ha sucedido otras veces cuando los jóvenes son penetrados por diferentes modas subculturales que atrofian y distorsionan la mente de la juventud. Es difícil penetrar y comprender la mente de una persona, pero la moda, esa costumbre que está en boga por algun tiempo, tiene poder para hacer cambiar a las personas al grado de llevarlas a una situación que trastorne sus condiciones mentales. A veces las posiciones defensivas son necesarias, como en esta situación, en que los bribones engatusadores han impuestos la moda estúpida de que los jóvenes se comporten como perros, tigres, gatos y de repente hasta como burros.
Llegamos a esta conclusión: las redes sociales le han hecho un daño terrible a la juventud, que se ha alejado de la buena lectura. Y la sociedad, como para no perder la costumbre, se ha quedado indiferente, incluso, contribuyendo con su permisividad a que los jóvenes estén cada vez más idiotizados por los malos contenidos de esas redes antisociales. No debemos permitir que los jóvenes hagan de la estupidez de comportarse como perros y otros animales, un hábito fantasioso que los lleva a auto denigrarse como personas con uso de razón. Hay que hacer que los jóvenes que siguen esta aberrante moda se paren frente a un espejo, para que se miren, moviéndose, gesticulando, cazando o recolectando su comida como perros y gatos. Comiéndosela, limpiándose, cubriéndose contra el frio y haciendo todo lo demás como los animales. Para evitar que caigan en este extremo penoso, hay que cortar de un solo tajo esta moda estúpida de comportarse como perros.
Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 23 de febrero de 2026.