
Los políticos deben saber que la política como oficio no es el camino para atesorar más poder para amasar fortuna. La política no es una franquicia, la política es un destino, porque es a través de la política como se puede construir un mejor bienestar para los ciudadanos, que es lo que cuenta para lograr el desarrollo humano de todo el país. Después de haber logrado una epopeya histórica el pasado 30 de noviembre, fuimos más de tres millones y medio de electores los que, con nuestros votos, erradicamos del poder a un partido que se ubicó en la sinrazón de destruir a Honduras, que durante cuatro años «desgobernó» a nuestro país, llevándonos al mismo precipicio en que fueron lanzados los cubanos y los venezolanos.
Pienso que en el Partido Nacional hay lideres juiciosos que han entendido las circunstancias que les favorecieron para ganar en forma apretada las elecciones. Nadie puede discutir que el Partido Nacional tiene mejor organizadas sus estructuras, pero en el resultado del 30 de noviembre hubo algo más poderoso que determino que miles de indecisos e independientes se inclinaran por el Partido Nacional. Eso, sin embargo, queda en el pasado reciente, lo importante es que, en el Partido Nacional prevalezca el buen juicio para entender que no es el momento para pregonar triunfalismos, que es tiempo para discernir que los hondureños pueden optar por dos caminos: o confiar en los politicos si estos demuestran la suficiente madurez para dirigir a Honduras hacia un norte seguro, que es trabajar por la solución de los grandes problemas que nos abaten. O, caer abatidos por las malas decisiones que llegaran a tomar las cabezas del Partido Nacional, por creer que el pueblo voto ciego para que un partido gane el poder, para hacer y deshacer, que es lo que ha sucedido en Honduras, y por lo que, cada vez los hondureños pierden más confianza en los politicos.
Si el Partido Nacional piensa más en Honduras que en el aprovechamiento ocasional por haber ganado las elecciones, le hará el mejor favor al país. Si los lideres nacionalistas entienden que el resultado de las elecciones, tan apretado como resulto al final, encierra el deseo del pueblo hondureño de que, por primera vez, los politicos sentando cabeza decidan hacer un gobierno de concertación, habrá alegría nacional, porque los políticos habrán aprendido que después de haber experimentado mucho y haber corrido muchas aventuras, ha llegado el momento de hacer cultura por un cambio de época, la de la concertación nacional, que es la forma de integrar un gobierno con los hondureños más capaces para responder a los problemas actuales.
El proceso para un gobierno de concertación nacional no es complejo, tan solo requiere de voluntad y comprensión. La concertación debe comenzar en el Congreso Nacional, que es donde se debe hacer el trabajo más delicado y apremiante, dado que fue en el Congreso donde se rompió el Estado de Derecho, al imponer una junta directiva en forma violenta y arbitraria, quedando una directiva espuria usurpando la dirección del Congreso Nacional. De ese cuerpo purulento emanaron varias elecciones terriblemente ilegales: dos procuradores ilegales, un Poder Judicial ilegal y un fiscal general ilegal. Recomponer toda esta bazofia requiere de un trabajo clínico, que solo puede ser desempeñado por una nueva directiva del Congreso que, aunque parezca un contrasentido, debe estar presidida por un diputado que este alejado de las ambiciones de poder. Porque, alguien que este embrutecido por lanzarse en busca de la Presidencia de la Republica desde el Congreso Nacional, terminara por destruir el Poder Legislativo, que ha quedado hecho pedazos por el brutal desenfreno de poder del diputado Luis Redondo.
En este sentido, quedan descalificados para presidir el Congreso Nacional, el excandidato liberal Salvador Nasralla y su mujer Iroshka Elvir, por sus desjuiciadas intenciones de pactar con Mel Zelaya para lograr la Presidencia del Congreso Nacional. En el marco de la concertación nacional, debe cuidarse que la Presidencia del Congreso Nacional quede en manos de un diputado juicioso, que no tenga ambiciones presidenciales, y que cuente con la suficiente experiencia legislativa para hacer del Congreso Nacional un ente con perspectiva jurídica, que no admita una escisión entre lo público y lo privado, porque el Congreso Nacional es el cuerpo que emite leyes si bien para garantizar la fortaleza del Estado, también para procurar un estado de bienestar para todos los ciudadanos, sin distingos de ninguna clase.
En este sentido, los lideres del PN habrán dado un gran paso para consagrarse como un partido político de país, y no como un partido para satisfacer a su clientelismo electoral, si dan el paso de la concertación nacional. Y ese paso natural es en dirección al PL, por haber obtenido este, la segunda posición, muy cerca en número de votos del primer lugar. Un líder liberal, diputado, con el espíritu de concertación cívico-política, es la mejor carta para lograr un gobierno de concertación nacional. Que como ya dijimos, debe tener la entereza suficiente para reconstruir el Estado de Derecho perdido, durante los cuatro años de usurpación del diputado Luis Redondo, el ogro glotón que devoró a la institucionalidad hondureña desde el Congreso Nacional.
Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 7 de enero de 2026.
