
La prioridad inexcusable del nuevo gobierno hondureño que ya esta presidiendo Nasry Asfura, a mi juicio, debe ser la de impulsar una definición razonable de Honduras como Estado democrático, que, si bien ya esta prefigurado en nuestra Constitución de la República, y aunque quedaron algunos cabos sueltos, lo valioso es que define lo que nuestro país aspira como nación para lograr el bienestar y felicidad de los hondureños. El Gobierno del PLR, presidido más por Mel Zelaya que por Xiomara Castro, nos ha dejado sumidos en una triple crisis: social, política y económica, porque, como lo hemos reiterado, el PLR estuvo en estos tres años dedicados a «desgobernar a Honduras», empeñado en hacernos un país que se hundiera cada día en la pobreza, porque es en la miseria donde un gobierno populista se fortalece para perpetuarse en el poder.
Esta triple crisis pondrá a prueba la capacidad de resistencia que debemos tener como sociedad, y también la viabilidad de nuestro modelo de comunidad política. Todo dependerá que el Partido Nacional, que no ganó en forma contundente como sostienen algunos diputados y diputadas nacionalistas que brillan tanto por su ignorancia como por su arrogancia, llegue a comprender el mensaje del electorado hondureño, que decidió repartir los votos, en forma proporcional entre los dos grandes partidos históricos. Si los nacionalistas actúan como en el cuento del pirata, que creyó que todo el tesorero era para él, se van a dar la gran equivocación de su vida. No crean que los hondureños se han olvidado de los doce años de gobiernos nacionalistas. La dimensión del riesgo de quedarse controlando los dos grandes poderes, Ejecutivo y Legislativo, marcara el principio del fracaso del gobierno de Nasry Asfura.
Porque, el problema es que, cuando un solo partido con serios antecedentes como los tiene el Partido Nacional se obstina en controlar todos los poderes, los ciudadanos advertimos que se nos viene una repetición de lo mismo que han estado haciendo los politicos del PLR, lo que significa que los lideres de estos partidos no quieren aprender la lección, porque una vez que ganan una elección se creen los dueños del país. Y eso no lo vamos a consentir los electores. Lo que los ciudadanos les pedimos a los politicos es que actúen con madurez y reflexión. El PLR nos dejó una estela de destrucción, y lo mismo pueden hacer los nacionalistas si se apoderan del Legislativo para controlarlo todo. Si no quieren entender el mensaje de los electores que al votar pedimos un gobierno de concertación nacional, estarán actuando contra el futuro de Honduras.
Pero, concertación no es repartición de cargos y puestos, sino distribución de poderes, como lo planteo el filósofo Montesquieu en su teoría «La Separación de Poderes», en la que sostiene que la distribución jurídica de las funciones ejecutiva, legislativa y judicial es lo que limita el uso arbitrario del poder y salvaguarda la libertad y los derechos de los ciudadanos. Los diputados nacionalistas que se llenan la boca alegando que ganaron todo y que, por lo tanto, todo el tesoro politico les pertenece, hablan con la mentalidad bribona de los politicos corruptos que se han enriquecido a costa del Estado, haciéndole el más grave daño a la sociedad hondureña, que con esta práctica es inducida a la incredulidad y a la perdida de fe en los partidos. Para que Honduras se defina como un país democrático tiene que enmarcarse en el texto de la Constitución, que en el fondo se guía por el principio romano de Justiniano de «dar a cada quien lo que se merece». Y en la teoría de Montesquieu de la separación de poderes.
La definición de Honduras como un Estado democrático debiera partir de una convicción inequívoca, orientadora, que es lo que nos debería dar una clase política que nos demuestre que ha alcanzado madurez y que ha desechado el avorazamiento. Esto es lo que los hondureños esperamos de los politicos que ganaron cuotas de poder, con el respaldo de los electores, que en el fondo fuimos los verdaderos artífices del triunfo el 30 de noviembre. Porque fuimos los electores los que derrotamos a LIBRE y decidimos que los dos partidos históricos asumieran los poderes, que es el claro mensaje del resultado electoral del 30 de noviembre, por lo que no hubo un ganador en forma contundente.
Cuando pase un tiempo y si la definición de Estado que queremos para Honduras se ajusta democráticamente a un pragmatismo prudente, que solo se puede dar con una concertación nacional hecha gobierno, conciliando la historia y la razón acabaremos agradeciendo a la crisis profunda creada por el PLR, por haber sido la causa que nos obligó a recuperar el valor y el sentido común que nunca debemos perder como ciudadanos, una nueva conducta en la que dejamos de ser pusilánimes para convertirnos en atrevidos, que fue lo que nos llevó a expulsar del poder al PLR.
Entonces, pedimos a los hermanos nacionalistas que se bajen de la mula de la arrogancia, les recordamos que Montesquieu no ha muerto al seguir en vigencia la teoría de la separación de poderes que es lo que garantiza la democracia. Deben tener presente que los electores no votamos para que un solo partido se apodere de nuevo del país. Porque eso significaría tener al PN equivalente a un PLR, que se obstinó en monopolizar los poderes, y que fue lo que al final lo llevo a un fracaso estruendoso al enfrentarse al poder de los electores. ¿Es lo que busca el PN? Si eso es lo que buscan, preparémonos los hondureños, porque significa que debemos librar una nueva batalla de cuatro años.
Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 19 de enero de 2026.
