
Como ya sabemos, el término democracia tiene su origen en Grecia y se forma a partir de los vocablos “demos”, (pueblo) y “kratos” (poder o gobierno). Este concepto se empezó a utilizar en el Siglo V a. C. La democracia es entonces el poder del pueblo, donde éste participa de todas las decisiones importantes de la vida nacional. Según define el manual, democracia es “una forma de organización de grupos de personas, cuya característica predominante es que la titularidad del poder reside en la totalidad de sus miembros, haciendo que la toma de decisiones responda a la voluntad colectiva de los miembros del grupo.
En sentido estricto, la democracia es una forma de gobierno, de organización del Estado, en la cual las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo mediante mecanismos de participación directa o indirecta que le confieren legitimidad a los representantes. En sentido amplio, democracia es una forma de convivencia social en la que los miembros son libres e iguales y las relaciones sociales se establecen de acuerdo a mecanismos contractuales.
La democracia se define también a partir de la clasificación de las formas de gobierno realizada por Platón primero y Aristóteles después, en tres tipos básicos: Monarquía (gobierno de uno), aristocracia (gobierno «de los mejores» para Platón), democracia (gobierno de la multitud para Platón y «de los más», para Aristóteles).
El pueblo hondureño ha elegido vivir en democracia, que es el mejor camino para construir un país próspero y mejorar así la calidad de vida de los más necesitados. Debemos recordar que en el pasado las luchas fratricidas por el poder le hicieron mucho daño a la nación, entorpeciendo su desarrollo. Luego se instauró la corrupción, que ha drenado los bienes del pueblo condenándolo a la pobreza.
El problema no es del sistema, que sí funciona, sino de malos hondureños que se han robado, desde siempre, la riqueza social. Somos un país pobre porque han saqueado de forma inmisericorde el erario nacional. Mientras la clase política siga igual de corrupta, la miseria es el único futuro que nos depara a los hondureños.
Las instituciones democráticas deben fortalecerse, y lo más importante es que deben despolitizarse, sobre todo los funcionarios que elige el Congreso Nacional.
Es urgente que se nombre a un Fiscal General y un Fiscal Adjunto que no tengan vínculos políticos para que puedan encausar a los corruptos, sin importar la institución política a que pertenezcan. La misma condición apolítica debe prevalecer al elegir al Procurador y Subprocurador de la República, para que defiendan los intereses del país y no de grupos políticos o económicos.
La elección de los Magistrados a la Corte Suprema de Justicia debe hacerse sin la injerencia política. De esa forma, el sistema de justicia actuará en defensa de los intereses de los hondureños y no se aliará con políticos, eliminando así la impunidad que tanto daño ha causado. Al despolitizar estos nombramientos los funcionarios no llevarán agendas políticas perniciosas que proteger.
Los consejeros del CNA y del Tribunal de Justicia Electoral no deben ser activistas políticos, poque sólo han llegado a imponer sus mezquinos intereses partidarios en contra de la hondureñidad. Urge que se nombre a funcionarios sin trayectoria política y que lleguen a defender los intereses del sistema democrático. Los ataques de Libre a la integridad e independencia del CNA y del TJE en las pasadas elecciones fueron terribles, al grado de poner en riesgo la alternabilidad en el poder y todo el sistema democrático.
Por lo tanto, urge una nueva Ley Electoral que contemple una segunda vuelta entre otros aspectos y le dé credibilidad a las elecciones. No es posible que se esté poniendo en riesgo nuestra democracia por intereses partidarios; es decir, por malos hondureños, plagados de corrupción, que lo único que les interesa es seguir en el poder a costa de lo que sea.
Necesitamos fortalecer nuestra democracia y las instituciones que lo respaldan.