
Si alguno de esos encantadores de serpientes que deambulan por el mundo, nos viniera a proponer como negocio, que nos compra el local donde operamos porque estamos ubicados sobre un yacimiento de petróleo, no dudaríamos en decirle que no estamos interesados, no porque creamos que debajo de nuestros pies hay petróleo, sino porque tratándose de un estafador, toda propuesta es un engaño. Desde hace muchos años venimos escuchando de varias personas, que la salvación de Honduras es un ferrocarril interoceánico, y cada vez que se habla de este proyecto ilusorio le suben la cotización de costo, así, hace unos 25 años hablaban de 20 mil millones de dólares, hoy, le subieron a 50 mil millones de dólares, una suma estratosférica que no compagina con las posibilidades de rescate de semejante inversión.
Partiendo de la importancia de Honduras, por la ubicación geográfica de nuestro país, al no poseer recursos estratégicos como los minerales de tierras raras, que no hay indicio de que exista uranio en alguna parte del territorio hondureño, tampoco tenemos la mínima certeza de que haya petróleo en tierra firme ni en la plataforma continental que nos corresponde en el Mar Caribe. La riqueza de Honduras para EEUU, Europa y Asia es la posición inmejorable de nuestro país, de estar ubicado en el corazón del istmo centroamericano, tan inmejorable como envidiable, desde hoy y hasta el futuro, cuando podría explotar la conflictividad entre las potencias mundiales por el predominio comercial y militar.
Así como EEUU tiene una amplia presencia en los países asiáticos, China hace lo propio en el continente americano, lo que provoca recelo en Washington, procurando que el avance chino no afecte los intereses estadounidenses. Un ferrocarril interoceánico en Honduras no entra en los planes de inversionistas de EEUU y China, que podrían ser los interesados en una obra inmensamente millonaria que no daría la rentabilidad para recuperar la inversión. Así que, quien se embarque en un proyecto ilusorio como el ferrocarril interoceánico en nuestro país, solo puede ser un admirable sonador o un estafador. Y el político que ofrezca ilusiones prometiendo gestiones para un proyecto multimillonario como el mencionado, es un mentiroso empedernido, o un estafador estrafalario.
Hay muchas posibilidades que ofrecen inversionistas para Honduras, el problema es el tipo de gobernantes que asumieron el poder en los últimos cuatro años, dedicados a torpedear las iniciativas con argumentos absurdos. Las zonas de desarrollo, regidas por protecciones legales garantistas para las inversiones, se están volviendo inversiones comunes en diferentes países. Hay que abrir la mentalidad para entender lo que es bueno para el país y sus habitantes, hay que sospechar de los políticos demagogos que dicen defender al país cuando son inocultables sus propósitos entreguistas a proyectos ideológicos.
Un ferrocarril interoceánico en Honduras es una utopía, es algo irrealizable en nuestro país, en cambio, es posible convertir a Honduras en una segunda salida del Pacifico al Atlántico, uniendo a Amapala con tierra firme a través de un puente y concluir una pequeña parte del Canal Seco que resta por pavimentar, un corto tramo de 45 kilómetros, desde Goascorán a Coyolito, obras que pueden andar por un monto de 800 millones de dólares, a lo sumo y que en su momento el BCIE contemplo como préstamo a nuestro país, mientras que el gobierno de Corea del Sur realizó el diseño y ofreció apoyo para construir el puente entre Amapala y Coyolito.
Esta obra es real, es posible, por el bajo costo y por la rentabilidad que promete, porque, al convertirse Honduras en la segunda salida del Pacifico al Atlántico, nuestro país sería la alternativa al Canal de Panamá, que en los últimos tiempos ha tenido problemas de sequía, ralentizando el paso de los barcos comerciales con el consiguiente atraso que significa una perdida cuantiosa para el comercio destinado al mercado de la costa este de EEUU. Con el Canal Seco, desde Amapala, unida a tierra firme por un puente hasta Puerto Cortés, Honduras será la alternativa al servicio de los países asiáticos que tienen como objetivo alcanzar la costa este de EEUU con sus productos.
Es absurdo divagar con lo ilusorio de un ferrocarril interoceánico irrealizable por su alto costo, mientras que es realizable unir Amapala por un puente a tierra firme, para utilizar el Canal Seco hasta Puerto Cortes, lo cual sería una mina de oro para el tesoro nacional, al explotar el tráfico comercial de los países asiáticos que ansían una ruta alterna al Canal de Panamá para llegar a las ciudades del este de EEUU. Entre lo posible que es el puente de Amapala a tierra firme, a un costo manejable para Honduras, y el ilusorio ferrocarril interoceánico que está en los cuernos de la Luna, el gobierno de Nasry Asfura no debe caer en la trampa de la farsa, porque eso es embarcarse en una obra para la cual no habrá inversionistas interesados. El pueblo hondureño no se merece que se le siga engañando con promesas que desde que se anuncian muestran el membrete de la mentira.
Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 25 de febrero de 2026.