
No nos cabe la menor duda que Johel Zelaya sabía en qué laberinto se metía en el momento que decidió asumir la fiscalía general del Ministerio Público para blindar desde esa delicada posición el proyecto político del PLR. Y seguro que sabía que en las condiciones que aceptaba dirigir el Ministerio Publico, lo convertía en un flagrante violador de la Constitución de la República y demás leyes. Entonces, de principio, el señor Johel Zelaya entró con pie izquierdo aceptando la titularidad del Ministerio Público, siendo un confeso violador de la Constitución de la República, por lo que no tiene ningún asidero para pregonar que es un luchador en pro de la justicia, porque alguien que sabe que entra comprometido con un proyecto internacional a desempeñar un cargo tan delicado como es la Fiscalía General, es porque el propietario del PLR le prometió que, con la prolongación del gobierno del PLR, también el fiscal estaba más asegurado que los lingotes de oro que se guardan en las bóvedas de un banco.
Por eso, Johel Zelaya acepto el olor apestoso que lo acompañaría desde el primer momento que sería ungido por una pseudo Comisión Permanente, de plena ilegalidad, por ser nombrada por una directiva que usurpo la dirección del Congreso Nacional. De allí en adelante, Johel Zelaya, sabiendo que su condición era espuria, se la jugó del todo, siendo un protagonista sobresaliente en el bando de la ilegalidad, procurando boicotear el proceso electoral de los hondureños. Su paso más temerario fue sumarse a la avalancha de hostigamientos contra la consejera Cossette López, a la que acoso por todos los medios para provocar una marcha forzada de la consejera.
Haber formado una tripleta diabólica con Marlon Ochoa en el CNE y Roosevelt Hernández en las FFAA, creó una atmósfera de intimidación en los sectores de oposición. Porque, nunca antes la institucionalidad hondureña había sucumbido para caer en las manos de individuos que supuestamente encarnaban el bien del país, pero que estaban al servicio de un proyecto político antidemocrático que, como lo dijo en su momento Rixi Moncada, tenía el malsano propósito de llevar a Honduras a caer en las garras del régimen comunista de La Habana, Cuba.
Llegar al extremo de acosar a la consejera Cossette López tuvo el propósito de exterminar a la democracia hondureña. Johel Zelaya no tuvo ningún empacho en aparecer con toda la corte mayor del PLR, departiendo en francachelas como otro camarada más del PLR. Sin embargo, donde Johel Zelaya se puso la camiseta del PLR y de la familia Zelaya, fue cuando se negó a efectuar la mínima investigación del tristemente célebre narcovideo, publicado por la revista especializada Insight Crime de EEUU, donde el diputado Carlos Zelaya departía en franca camaradería con un grupo de personas vinculadas al narcotráfico, exigiendo que la mitad del dinero recibido era «para el comandante», en alusión al coordinador general del PLR, Mel Zelaya.
Ese tristemente célebre documento fílmico, estremeció a todos los ámbitos nacionales e internacionales, pero, al parecer a la única persona a la que, aquel singular convivio de barones de la droga, no le mereció la importancia que tenía para el órgano de investigación y acusación que presidía, fue a Johel Zelaya. Su conducta frente a aquel evento de transacciones entre el poder político y el poder del narcotráfico, fue de compadrazgo y complicidad. Aquello, para Johel Zelaya no merecía mayor consideración porque se trataba de un asunto de implicaciones políticas. Los observadores internacionales dentro y fuera el país, quedaron perplejos, por no decir, estupefactos, frente a la conducta del fiscal general hondureño, que de manera impúdica, sin un grano de vergüenza, aceptaba que el encuentro ocurrido en el circuito de las drogas era algo normal en el escenario politico hondureño, con lo que Johel Zelaya se llevaba de encuentro a toda la nación hondureña.
Pero fue en ese momento crucial de la trayectoria de Johel Zelaya, cuando el fiscal ilegal nos dijo a los hondureños que su posición no estaba del lado de la Constitución y de Honduras, sino que, haber aceptado ese cargo en la forma como lo asumió, era para favorecer a un proyecto politico de largo plazo, idealizado por Mel Zelaya para perpetuarse en el poder. Eso implicaba no solo retorcer la Constitución y demas leyes, sino cometer varios delitos delicados como el de acosar a la consejera del CNE, Cossette López, mediante una persecución perruna, estilo galgos a la caza de conejos. Esta fue la parte dramática del laberinto en que Johel Zelaya buscaba arrinconar a la consejera Cossette López, con unas grabaciones, elaboradas de manera sigilosa de una supuesta conversación entre la consejera López y el diputado Tomás Zambrano. Estas grabaciones son el meollo del asunto, por las que la consejera Cossette López no acepto una conciliación con Johel Zelaya, que la expondría a verse buscando una salida airosa para no ser condenada de ninguna forma.
Preferir ir al juicio oral y público, es un paso valiente de Cossette López, es avanzar por la senda de la dignidad que solo un inocente es capaz de transitar. Johel Zelaya está en el extremo final de su laberinto, en el que tiene como única salida, la puerta hacia una prisión segura.
Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 17 de marzo de 2026.