
Las calles de la avenida Cervantes, en el centro histórico de Tegucigalpa, se convirtieron este Viernes Santo en un vibrante escenario de fe y cultura gracias a las tradicionales alfombras de aserrín que engalanan el paso de las procesiones. Cientos de feligreses y turistas se dieron cita desde tempranas horas para admirar estas obras de arte efímero, las cuales fueron elaboradas por voluntarios y familias capitalinas que, año tras año, mantienen viva esta emblemática costumbre religiosa en el corazón de Honduras