
En un paso histórico para la política de seguridad costarricense, la presidenta de la República, Laura Fernández, inauguró este miércoles el Centro de Alta Contención de Crimen Organizado (CACCO). Con una inversión estimada en 35 millones de dólares y una capacidad instalada para albergar a 5,100 reclusos, la moderna infraestructura carcelaria busca frenar el avance de la criminalidad organizada en un momento en que el país registra niveles inéditos de homicidios.
El complejo penitenciario, emplazado junto a la tradicional prisión de máxima seguridad La Reforma a unos 25 kilómetros de San José, bebe directamente del diseño conceptual del Centro de Confinamiento del Terrorismo (Cecot) en El Salvador. La mandataria costarricense enfatizó que la apertura de este recinto marca un punto de inflexión para convertir al país en un «referente mundial en seguridad penitenciaria», agradeciendo la visión estratégica de su predecesor y actual ministro de la Presidencia, Rodrigo Chaves, quien impulsó las bases del proyecto durante su administración (2022-2026).

Por su parte, Chaves calificó la obra como un «monumento que marca el inicio de una ruta» destinada a devolverle la paz a la ciudadanía y asegurar que las familias puedan transitar por las calles sin zozobra ante la delincuencia armada. La cooperación en materia de seguridad entre San José y San Salvador se ha consolidado en los últimos años, tras las visitas bilaterales de alto nivel entre Chaves y el mandatario salvadoreño Nayib Bukele, cuyo enfoque punitivo contra las pandillas inspira la nueva estrategia costarricense.

Capacidad de reclusión: El centro penitenciario cuenta con tecnología de punta y módulos de aislamiento estricto para neutralizar el mando de cabecillas criminales desde el interior de las cárceles.
Con la puesta en marcha del CACCO, el gobierno de Costa Rica busca recuperar el control absoluto del sistema penitenciario y disuadir las estructuras delictivas que amenazan la estabilidad democrática del país.