
El valor de la identidad de un país radica en que actúa como el motor de cohesión social que une a sus habitantes mediante un sentido de pertenencia y un conjunto de raíces compartidas. Un país que busca fortalecer su identidad con valores importados de otro país, comete el error más peligroso y detestable, cual es imponer un proyecto que no nace en las fibras de la nacionalidad. Nayib Bukele se ha lanzado a una aventura política usando a Francisco Morazán, como un misil diplomático, no por romanticismo, sino como un factor que en sus ideas alborotadas piensa que le servirá para unificar a los países centroamericanos. Bukele se basa en un solo argumento: como Francisco Morazán fué el único personaje atrevido que logró unificar Centroamérica, entre 1830 y 1838, y por cierto que lo hizo desde Honduras no desde El Salvador, cree que adaptando su personalidad a la de Morazán, dejándose crecer las patillas, posando de perfil como conocemos a Morazán, usando un uniforme y un sable parecidos a los de Morazán, le basta para entrar a la carrera morazánica de unir a los países del istmo.
Sin lugar a dudas que a Bukele le patina el coco, se remonta a las ideas integracionistas de tres siglos atrás, cuando en estos tiempos la integración camina por la vía de los acuerdos y los tratados entre países, en función de los intereses comúnes de cada país con los demás, y no en base al sentimiento y pensamiento de un gobernante que solo es una persona. Nayib Bukele vende el discurso morazanista: estado eficiente, sin izquierdas ni derechas ideológicas, contra las élites, educación laica, comercio libre, anticlerical, esto es lo que resume su propuesta «volvamos a la Federación». Bukele cree que el sueño de Morazán de 1830 también es el sueño de los hondureños, salvadoreños guatemaltecos, nicas, y ticos de este siglo XXI. A estas alturas de la vida, eso no es factible politicamente, porque en el istmo centroamericano cada país tiene trazado su propio norte .

La propuesta de Bukele es una quimera, una verdadera utopía, una chifladura. Morazán murió fusilado en Costa Rica por querer imponer por la fuerza la unión de los países centroamericanos. Así como los otros cuatro países rechazaron la unión en aquellos años, igual le sucederá a Bukele. Los otro cuatro países ya consideran a Bukele como un intervencionista. Guatemala y Costa Rica ya dijeron no a la idea de Bukele. Y Honduras no es la excepción, somos un país soberano e independiente, una nación que en algún momento dará los pasos para emerger del subdesarrollo, tarde temprano lo haremos los hondureños. En un proyecto como el que propone Bukele, Honduras es el país que saldrá perdiendo, mientras que El Salvador se habrá quedado con la mejor tajada.
Miren lo que pasaría, si algun politico hondureño majadero se montara en el carro de Bukele; en primer lugar Tegucigalpa dejaría de ser la capital del país, para convertirse en una provincia de la federación de Bukele que es una verdadera chifladura, todo porque ha llegado a creer que el que controla el símbolo es capáz de controlar la historia, y eso es como querer tocar la Luna subiéndose al Merendón o al Picacho. Bukele cree que el está usando mejor a Morazán que nosotros los hondureños. Y como hay muchos chiflados que le siguen la onda, le dan cuerda para que se siga dejando crecer las patillas, siga usando réplicas del uniforme de Morazán y haga sonar los tacones de sus botas y la réplica del sable que usaba el héroe de La Batalla de La Trinidad.
Pero, en realidad lo que hace Bukele es ofensivo para la historia salvadoreña, porque si tu héroe es de otro país, como está haciendo Bukele con Morazán, es porque necesitas que ese otro país te valide. Por eso, los hondureños nos sentimos henchidos de orgullo cuando se habla de Morazán en el mundo, o los mexicanos cuando hablan de su cultura. Si bien Honduras tiene a Morazán, a Lempira, a Cabañas, a Valle, Dionisio de Herrera, al padre Reyes, en El Salvador tambien debe haber personajes históricos de los cuales los salvadoreños deben enorgullecerse. O es que Bukele no conoce a los valores de su país?
Que Bukele pretenda creerse el heredero de Francisco Morazán no vaya a creer que media Honduras lo festejará. Todo lo contrario, los hondureños que tenemos suficiente educación sabemos que el país que no tiene héroes propios y trata de importarlos de un país vecino, es porque no tiene una identidad. Ese país lo puede liderar cualquiera que se ponga un sombrero, basta que se vista como un héroe de otro país, blanda el sable y camine como Morazán creyendo que podrá hacer lo mismo que hizo Morazán. Bukele no podrá engañar ni a los suyos mucho menos a los demás. Ni asi haga como en el cuento del pato, que basta caminar como pato, nadar como pato, para ser pato.
Los hondureños no hemos abandonado ni a Morazán ni a sus ideas, como tampoco pensamos que los ideales de Morazán son exclusivamente de los hondureños solo porque Morazán nació en Honduras. Morazán es una figura universal, por eso le han cantado los poetas de muchos países. Saben ustedes que la famosa expresión «alta es la noche y Morazán vigila» correponde a un poema del poeta chileno Pablo Neruda? Nos sentimos orgullosos de que Morazán sea citado en el mundo entero. Lo que nos irrita es que Bukele se apropie de la figura de Morazán para apalancar un proyecto político que en pleno siglo XXI es algo tirado de los cabellos.
Conclusión para Nayib Bukele: un país sin héroes propios, no es un país. Es un paisaje público! Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 5 de octubre 2026