
La selección de Portugal ha sufrido un terremoto de proporciones históricas después de que Cristiano Ronaldo decidiera romper de manera abrupta con el combinado nacional al sentirse traicionado por el seleccionador Jorge Jesus. Esta drástica decisión pone fin a unas horas frenéticas e insostenibles en el interior de la concentración lusa, cuyo detonante definitivo provino de los treinta minutos que el astro estuvo calentando en Noruega y que terminaron por encender una mecha que explotó finalmente en Copenhague.
Todo se precipitó tras una cumbre celebrada el martes por la noche, donde el delantero del Al Nassr se reunió con el propio técnico y con Pedro Proença, presidente de la federación, quien había adelantado su viaje a Dinamarca ante la creciente tensión ambiental.

Durante dicha reunión, Jorge Jesus le prometió disculpas públicas ante los medios de comunicación en la previa del choque frente a los daneses. No obstante, aunque el estratega compareció ante la prensa, sus palabras públicas resultaron ambiguas y fueron consideradas insuficientes por el crack de Madeira, lo que desató su furia, un viaje de madrugada con destino a Madrid y una despedida definitiva de Portugal a través de sus redes sociales.
Públicamente, Jorge Jesus intentó apaciguar las aguas sobre su relación con el exjugador del Real Madrid y Manchester United, con quien ya coincidió la temporada pasada en el Al Nassr.
El técnico justificó la suplencia y el rol del delantero, afirmando que formaba parte de un plan estipulado en el que no jugaría ni ante Noruega ni contra Dinamarca. Asimismo, reconoció que Cristiano estaba enfadado y restó importancia a la polémica sesión de entrenamiento del martes, señalando que el jugador optó por realizar trabajo en gimnasio debido a su habitual recuperación tras los partidos.
Sin embargo, el tono del entrenador cambió al referirse a la autonomía de sus decisiones técnicas y a los límites del estatus de las grandes figuras. El seleccionador admitió que pudo haberlo necesitado durante el encuentro, lo que provocó que calentara durante largos minutos sin llegar a ingresar al campo, admitiendo que ningún futbolista de élite, ni siquiera una leyenda de la talla de Cristiano, Pelé o Maradona, reaccionaría feliz ante esa situación.
Jorge Jesus zanjó cualquier debate sobre presiones externas o privilegios de vestuario, sentenciando con contundencia que las decisiones sobre el terreno de juego le corresponden de manera exclusiva y que ningún jugador, presidente o factor externo logrará jamás cambiar su criterio al frente del equipo nacional.