
Un grave cortocircuito de comunicación en la alta esfera del poder político desató la primera crisis de gabinete en el gobierno costarricense. La mandataria Laura Fernández Delgado ordenó la destitución fulminante del ministro de Relaciones Exteriores y Culto, Manuel Tovar Rivera, acusándolo de marginarla deliberadamente de un encuentro de alto nivel encabezado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
El detonante de la intempestiva remoción se gestó durante la cumbre del denominado Escudo de las Américas, celebrada en Washington bajo la convocatoria del secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio. Tovar acudió y lideró la representación del país centroamericano sin notificar ni coordinar su agenda con Casa Presidencial, una omisión calificable de «negligencia grave» que, según el Ejecutivo, privó a la jefa de Estado de liderar personalmente las conversaciones bilaterales en materia de seguridad regional.

La notificación del cese tomó a Tovar por sorpresa en territorio estadounidense, mientras ejercía como jefe de la delegación costarricense ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York.

La abrupta salida de Tovar obliga a la administración Fernández a recomponer de emergencia su engranaje diplomático en un momento de alta tensión hemisférica y estrecha vigilancia migratoria.