
Desde finales del primer cuarto del siglo pasado se empezó a producir una triste realidad en la nación hondureña, por un lado mostraba la decadencia de varios pueblos hondureños, los que poco a poco sufrían una inmigración en dos direcciones: la primera, hacia las zonas industrializadas del país( Tegucigalpa y SPS) en busca de las posibilidades de encontrar una vida más próspera y aparentemente más facil. Los pueblos hondureños del interior empezaron a perder a los campesinos, al iniciar un éxodo que los llevó a abandonar sus predios de cultivos, y sus pueblos en lugar de crecer, quedaron reducidos a caseríos. En la segunda, otros campesinos más avispados, levantaron la vista para emigrar a EEUU. Esto no se produjo de golpe, también vino sucediendo poco a poco, hasta que llegamos al nuevo siglo cuando comenzaron a verse nutridas caravanas incentivadas por fuerzas extrañas distintas, dedicadas a estimular la desventura de hacer que familias enteras se lanzaran a buscar el incierto sueño dorado americano.
Se anticipaba una reacción de las autoridades de EEUU, porque no era posible que conglomerados migratorios, donde iban personas de toda laya, fueran de la aceptación de la sociedad estadounidense. Y pasó lo que tenía que pasar, con la asunción al poder por segunda ocasión de Donald Trump, EEUU tomó medidas draconianas que no distinguen entre la buena y la mala gente, para declararlos «non gratos» a todos por igual. Al punto que, los hondureños y demás latinos que se resisten a ser capturados para ser deportados, se han atrincherado, más bien escondidos, de ese cuerpo de migración conocido por tres cortas letras I C E, cuyos agentes actúan aplicando el más feroz de los procedimientos para hacer su labor de cacería, porque esto es lo triste, los agentes del ICE son despiadados al momento de detener a jóvenes, mujeres y niños. En estas crueles circunstancias, vivir escondidos o vivir huyendo de los inhumanos agentes del ICE, no es digno de un ser humano. Lo aconsejable es hacer maletas y acogerse al programa de deportación para regresarse a Honduras.

Pero, como nos preguntábamos ayer, y ahora qué? Qué destino les depara el regreso a nuestros compatriotas deportados? Como la cultura de la mayor parte de los hondureños es depender de un empleo, le corresponde al gobierno de Nasry Asfura, propiciar condiciones de inversión extranjera en el plazo inmediato para generar empleo masivo. Honduras vivió los últimos cuatro años de gobierno del PLR, 4 años de rechazo a la inversión extranjera. Aqui vinieron diez misiones de EEUU a ofrecer cooperación de la buena, y todas se regresaron destempladas por el rechazo que les hacía el gobierno de Xiomara Castro. Nasry Asfura, está haciendo todo lo contrario, sus frecuentes viajes a EEUU están relacionados con gestiones en el ámbito de los inversionistas.
Asfura, que en estos meses de gobierno, con su espíritu de politico pragmático, demuestra ser un gobernante que busca logros, está gestionando negocios de Estado en Estados Unidos, que es donde están los grandes negocios de Estado. Hay que que esperar que sus múltiples gestiones fructifiquen por el bien de Honduras y los hondureños. En el campo empresarial hemos aprendido que las únicas gestiones malas son aquellas que no se hacen. Con esta consideración no intentamos reflejar un espejismo esperanzador del gobierno, porque los hondureños no vivirán siempre de ilusiones y esperanzas, requieren que el gobierno concrete sus gestiones en los próximos tres a seis meses por tarde, para empezar a disfrutar de un mejor estado de bienestar.
Por ahora, vamos a ver un nuevo tipo de desfile en Honduras, el de los inmigrante deportados, regresando con la derrota reflejada en el rostro, al saber que dejaron una vida diferente, en un ambiente de desarrollo, confort y comodidad que es el que disfrutaron por años en EEUU. Y además, carreras truncadas en las empresas donde laboraban, estudios incompletos para los que estudiaban. En pocas palabras, vidas destartaladas por la irrupción antinmigratoria decretada, sin parte y sin novedad, por el gobierno de Donald Trump. No obstante, no podemos culpar al gobierno de EEUU, como país y como gobierno están en su perfecto derecho a aplicar medidas para preservar su sistema de seguridad.
Por lo tanto, sería calamidad humana condenar las acciones antinmigratorias del gobierno de EEUU, cuando todavía cerca de un millón y medio de hondureños, que lograron establecerse a tiempo, viven y trabajan en diversas ciudades de EEUU, conforme a las reglas migratorias de aquel país. No faltarán los agentes del PLR, que siempre han enarbolado la bandera antiestadounidense, y que durante 4 años rechazaron la cooperación de EEUU en perjuicio de los hondureños, que ahora aparezcan fustigando al gobierno de Asfura por no obtener el suficiente apoyo del gobierno de Trump. Habrá que entender a estos de Libre, acostumbrados a vivir según su propia confesión, con el ánimo metafísico de jorobarle la vida a la mayoría de los hondureños, como venganza por haberlos castigado con el voto en contra el pasado 30 de noviembre. Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 24 de septiembre 2026