
El debate abierto sobre la aprobación de las reformas a las normas de energía eléctrica, para conducir a Honduras a un nuevo modelo energético, afortunadamente concluído con la aprobación lograda con el respaldo de 78 diputados, no tuvo el máximo consenso de las fuerzas políticas hondureñas, aunque obtuvo la mayoría indispensable para sacar adelante las nuevas normativas, nos dejó el sinsabor del vacío mental que existe en muchos diputados y dirigentes politicos, que con su posición cerril nos demuestran que desconocen las verdaderas necesidades que tiene Honduras para superar los escollos más infames, que son los males que le desean los mismos hondureños que por inconsciencia, pareciera que no quieren lo mejor para nuestros país.
Las reformas aprobadas por los 78 diputados forman parte de una «estrategia-pais» con la que se busca para Honduras un nuevo modelo energético, con el que los hondureños podamos garantizarnos un abastecimiento de energía seguro, competitivo y sostenible, para poder cumplir con los compromisos fijados por el nuevo gobierno que, al menos tiene claridad como lograrlo, para lo cual cuenta con el apoyo de la cooperación internacional más segura que tiene Honduras, que es la que ofrece nuestro mejor aliado que son los EEUU. El nuevo modelo divide a la ENEE en tres partes, que se encargarán cada una de la generación, transmisión y distribución, bajo el concepto empresarial de Estado, es decir, empresas del Estado. Es una nueva arquitectura que separa funcionalmente a la ENEE, para volverla más eficiente y competitiva. Como está, la ENEE es un dinosaurio anquilosado, bajo un patrón que fracasó y ha hundido a Honduras.
El reporte de pérdidas de la ENEE es alarmante, sostenerla como funciona actualmente es querer su destrucción total y la quiebra de Honduras por la magnitud de las cifras, además de aferrarse al deseo de convertir a nuestro país en un paraíso oscuro, donde la falta de energía nos convierta en una panorámica apocalíptica, como actualmente es Cuba, país que vive inmerso en apagones de semanas completas, perdiendo todo espíritu de competitividad, porque sin energía eléctrica un país se convierte en un cadáver. Para evitar este paisaje tenebroso de la oscuridad era urgente hacer un cambio de modelo. Implicaba reformar las normas actuales que, igual que una camisa de fuerza, impedían que la ENEE saliera de la fosa a que la habían condenado los cerebros del mal, en la que la enterraron los politicos desventurados que gobernaron desde el 2006 hasta el 2025.
Las nuevas normas fueron inyectadas con las experiencias de reformas eléctricas de Chile, Perú y Colombia, países que han tenido una recuperación afortunada en el campo eléctrico. Por dicha el paso modificador se ha dado, la aprobación no tuvo el respaldo total de los diputados, y en esto es importante hacer un discernimiento que es necesario. Los diputados que siguen rumiando su desprecio por la aprobación del nuevo modelo energético, son hondureños que pareciera que no saben distinguir entre el bien y el mal para Honduras. La frontera entre el bien y el mal en ocasiones es tan estrecha que sólo puede establecerla con precisión la conciencia de quienes transitan por el camino de la buena reflexión. Pero, hablar de conciencia en la política hondureña de los últimos años, es como tratar de expresar en milímetros la distancia que nos separa de la historia antigua de Honduras, dirigida por caudillos que carecían de visión positiva para el país .
Viendo al ex candidato liberal Salvador Nasralla, aferrarse a una oposición tan cerrada como absurda, en contra de la aprobación de las nuevas normas, da escalofríos, porque si un político que todavía tiene posibilidades de conducir los destinos de Honduras mantiene un pensamiento que se contrapone a tomar las medidas para salvar de la bancarrota a la principal empresa estatal, de la que dependemos en todo sentido para tener energía eléctrica, de ganar la dirección del país se ve que Salvador Nasralla no está preparado para poder diferenciar entre el bien y el mal para Honduras. Todos los diputados que votaron en contra de la aprobación de las nuevas normas eléctricas, deben saber que al votar en contra votaron en favor del mal para Honduras.
Salvador Nasralla debe revisar y corregir su patrón estratégico, decidir lo mejor para Honduras no es asunto de capricho, ni del prurito deseo de llevar la contraria a quienes no lo acompañan en sus decisiones. Haberse lanzado sin paracaídas contra el nuevo modelo energético que urge Honduras, equivale a haber renunciado a la posibilidad de tener el mayor respaldo electoral en unas futuras elecciones, si es que las condiciones politicas y humanas se lo permiten. Honduras requiere de líderes que entiendan el concepto «estrategia-país». Honduras no puede continuar sumida en las improvisaciones y caprichos calenturientos de personas que aspiran a presidir nuestros destinos, pero que no tienen idea de lo que es el bien y el mal para Honduras. Por ahora, afortunadamente, el bien se impuso al mal en el momento que 78 diputados con cabeza iluminada votaron por la aprobación de un nuevo modelo energético. Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 2 de septiembre 2026
