
Las labores de rescate continúan este jueves en condiciones de extrema dificultad tras la catastrófica riada que afectó la zona fronteriza entre Nepal y la región autónoma del Tíbet, dejando un saldo provisional de 392 fallecidos y cerca de 1,400 desaparecidos a ambos lados de la cordillera.
La tragedia, desencadenada por el colapso de una masa de hielo en un glaciar nepalí que provocó una avalancha de lodo y un drástico aumento en el caudal de los ríos locales, ha movilizado a más de 13,000 efectivos de rescate.
Mientras centenares de familiares aguardan noticias en los campamentos improvisados, las autoridades de ambos países mantienen la alerta máxima y han ordenado evacuaciones urgentes ante el inminente peligro de una nueva riada provocada por la retención de unos dos millones de metros cúbicos de agua en un lago formado por la obstrucción del río Lhende.
El desastre ha golpeado severamente un corredor turístico y de peregrinación clave en el Himalaya, arrasando el paso fronterizo de Gyirong y dejando un rastro de destrucción que afecta a ciudadanos de más de treinta nacionalidades, incluidos cuatro españoles y decenas de turistas de India, Estados Unidos, Ucrania, Australia y el Reino Unido.
Ante la magnitud de la emergencia y el temor a que la barrera de agua colapse en los próximos días, agencias internacionales, líderes mundiales, el papa Francisco y el dalái lama han expresado su solidaridad con las víctimas y los miles de hogares que precisan asistencia urgente en las zonas afectadas de Nepal y Tíbet.
