
Decíamos ayer que la publicidad, la que verdaderamente es publicidad, es el mensaje con contenido social y político que usan los gobiernos para informar a la ciudadanía, para hacer del conocimiento de la población todas las obras que va desarrollando en la medida que avanzan los planes del gobierno. La mensajería publicitaria del sector gubernamental sirve para que los ciudadanos puedan ser observadores de que, lo que anuncian las oficinas estatales, pueda ser ratificado o denunciado por la gente, de manera que no se publicite aquello que no se está haciendo, porque, cuando se incurre en este despropósito, lo que se hace no es publicidad, sino «contrapublicidad», porque, como hemos dicho la buena publicidad no miente, no engaña.
El gobierno del PLR, de la ex presidente Xiomara Castro, hizo un vasto plan publicitario engañoso basado en tres mentiras gigantescas que hicieron de la falsa publicidad o contrapublicidad, una maquinaria para mentir, mentir y mentir. La premisa engañosa de Xiomara Castro no se cansó de mentir sobre la supuesta instalación de la CICIH, una comisión para combatir la corrupción y la impunidad con el respaldo de la ONU. Era obvio que todo este aparataje montado con el apoyo del secretario general del desprestigiado organismo mundial, era una rotunda farsa. El gobierno de Xiomara no podía pensar en combatir dos males que estaban entronizados en su gobierno: la corrupción y la impunidad.
Crear un organismo que vendría a destruir la corrupción, era destituir al ilegal presidente del Congreso Luis Redondo, impuesto por Xiomara Castro como usurpador de la Presidencia del Congreso. Una comisión contra la corrupción no hubiera consentido a un fiscal general que actuaba como lacayo del gobierno, hubiera movido los cimientos del Consejo Nacional de Elecciones donde el consejero Marlon Ochoa practicaba descaradamente toda clase de marrullerías para boicotear las elecciones primarias y las generales. Al menos hubiera denunciado las actuaciones alejadas de la Constitución de los funcionarios de la PGR que se convirtieron en sirvientes de las maldades del gobierno del PLR. Una CICIH independiente hubiera denunciado las actuaciones irregulares de Roosevelt Hernández, por usar el poder militar para malbaratar las elecciones y negarle a los hondureños a elegir en forma democrática a un nuevo gobierno.
La segunda mentira, plagada de atrocidad, fué mantener la falsa esperanza de estar construyendo varios hospitales, creando una falsa expectativa en miles de hondureños que creyeron en la promesa de Xiomara Castro y de sus funcionarios mentirosos de la secretaría de salud, que acompañaban la mentira oficial con un conteo ficticio de la realización de las obras hospitalarias. Jugar con la salud del pueblo para el gobierno de Libre se convirtió en un arte y oficio a la vez. Ahora solo quedan las sospechas de como se manejaron los dineros destinados a los hospitales, porque los bombos y platillos con que se anunciaron sin que se hayan concluído, da la impresión que hubo una danza de millones, que acabó en otros destinos.
La tercera gran mentira con ribetes de monstruosidad fué querer «embobarnos» a los hondureños con el proyecto del ferrocarril interoceánico, un imposible para Honduras dado su altísimo costo de 50 mil millones de dólares que están fuera del alcance y posibilidades de nuestro pais. Pero, sirvió para erogar un presupuesto jugoso destinado a promocionar el proyecto desde Casa de Gobierno. Hubo viajes al exterior, mucho derroche de dinero, no para hacer gestiones serias, porque, en sí, hablar de tan gigantesco proyecto interoceánico, fué la obra maestra de la farsa del gobierno de la Presidente Xiomara Castro. Estas fueron las tres grandes mentiras, montadas con toda la parafernalia de la falacia en el gobierno de Xiomara Castro, amparadas en la «contrapublicidad», que es la publicidad negativa, donde se contrapone la mentira contra la verdad.
La publicidad de cualquier gobierno democrático debe exigir que los asesores a quienes se encarga la mensajería publicitaria para destacar sus obras y los avances de los programas de gobierno, deben alejarse de la contrapublicidad, que es la publicidad mentirosa, que busca adobar la percepción popular para rendirse ante la mentira y con ella engañar a los ciudadanos. Como decíamos ayer, publicidad sin mentir, que muestre los hechos como son, es la mejor publicidad. Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 25 de agosto 2026