
Los gobiernos británicos creen a pie juntillas, desde la época del Rey Jaime I de Inglaterra, que «hay que gobernar de acuerdo con el bienestar general de los ciudadanos y no de acuerdo con la voluntad general. Por su parte los gobiernos franceses saben muy bien, partiendo del pensamiento de Maquiavelo, que «contentar al pueblo sin irritar a los poderosos, es la mejor fórmula para gobernar». Los gobiernos italianos no hacen otra cosa que aplicar la receta a la italiana: » «toda clase de gobierno está basada sobre compromisos y pactos». Por su parte los politicos alemanes tienen su forma muy particular para gobernar: «hacen como que no actúan porque » el mayor peligro de los gobiernos es gobernar demasiado». Y finalmente, los politicos estadounidenses, los gringos, actúan según la norma de Lord Mcaulay, según la cual «el cometido de un gobierno no es hacer rico al pueblo, sino protegerlo mientras se enriquece por si mismo».
En todo el mundo los dirigentes de los partidos en el poder y los líderes de la oposición, conocen muy bien la famosa sentencia de Joubert, que decía: » el castigo para los malos gobernantes es ser juzgados peores de lo que son». A la vista tenemos en estos momentos en Honduras dos situaciones, una mayor, que nos está robando millones de millones de lempiras todos los días, y los diputados liberales que están jugando al cálculo político, están renuentes a dar su cuota para resolver el agujero cada vez más profundo que nos ha creado un tren de pérdidas indetenible por la marcha incesante de la maquinita de los intereses bancarios que no perdonan ni a Jesucristo.
El actual gobierno es el que se ha decidido a tomar por los cuernos al toro de la ENEE, pero para vencerlo y lanzarlo a la arena, requiere los votos de los diputados liberales, y al parecer estos están empecinados en que no quieren cargar con el costo politico del rescate de la ENEE, así lo hemos escuchado al menos a unos cinco diputados liberales, ciegos por la terquedad, según ellos, de que es preferible que la ENEE siga hundiendo a Honduras, antes que sacrificar su futuro político, que para ellos está por encima de los intereses del país. Al final de cuentas, los diputados liberales lo que no quieren es que sea este gobierno nacionalista que preside Nasry Asfura, el que se lleve la gloria de haber tenido las agallas de enfrentar la crisis de la ENEE.
No por cumplir con su deber es que el gobierno de Asfura pasará a la historia como «el gobierno ideal por asumir los riesgos de recuperar a la ENEE de la agobiante crisis en que se encuentra, y que de paso, arrastra a toda Honduras. El gobierno tendrá el mérito de haber asumido un problema de graves dimensiones, pero al final de cuentas lo hace porque es su deber, como dicen los políticos norteamericanos, el cometido de todo gobierno es proteger los intereses del pueblo, pero, cuando los politicos anteponen sus propios intereses, actúan contra el pueblo, y tarde o temprano el pueblol castiga en las urnas a los políticos que son juzgados como los peores. Como decía Joubert , el castigo para los malos politicos es ser juzgados y castigados peor de lo que son. Y no hay peor castigo para los malos políticos que las urnas.
El otro gran problema se origina por el factor climático, teniendo mayor incidencia en el llamado canal seco, ese sector de la zona sur del país donde la lluvia se niega a regar la tierra, un fenómeno meteorológico de antaño que no permite que los habitantes de los diferentes municipios del llamado canal seco puedan siquiera hacer florecer sus sembradíos para cosechar alimentos para subsistir, lo cual es una tragedia humana y que los gobiernos deben enfrentar con el mayor sentido de responsabilidad, y de la única manera que procede hacerlo es entregando bolsas de alimentos básicos a los pobladores de manera permanente.
En este sentido, el gobernante hondureño no falta a la solidaridad humana, cuando recientemente dijo que, aunque los venezolanos son dignos de recibir apoyo después del terremoto, la prioridad la tiene con los hondureños. Y tiene razón: en el corredor seco hay miles de hondureños que están en condición de damnificados por la falta de lluvia. A los hondureños del corredor seco no los azotó un movimiento telúrico, pero les sucedió algo parecido, el inclemente sol que ahuyenta las nubes los ha dejado sin una gota de lluvia y su tierra para la agricultura está hendida por la resequedad, totalmente resquebrajada como si la hubiera azotado un terremoto arriba de los 7 grados en la escala Richter. Entonces, que debe hacer el gobierno, atender a los habitantes azotados por un terremoto a miles de kilómetros de distancia, o dedicar los pocos recursos que tiene para alimentar a los miles de hondureños que pasan en una hambruna permanente, porque su tierra por falta de lluvia no les permite cosechar siquiera para subsistir.
Le pregunto a nuestro público: cual es el gobierno ideal? El que ayuda a los de afuera y abandona a los suyos, o al revés: el que prioriza a los habitantes de casa, por encima de los demás, porque la pobre cobija hondureña no ajusta para tanta gente? Si de mi dependiera, yo seguiría el principio de Alfredo de Vigny, quien decía que: «el gobierno ideal es el menos malo, es aquel que hace menos ostentación con lo que no tiene, por lo tanto crea menos problemas a sus gobernados y al final cuesta resulta más barato a los ciudadanos. Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 13 de agosto 2026