
Hace algún tiempo leí un análisis del Dr. Manfred Kets, sobre la cobardía, basado en el comportamiento de aquellas personas, hombres y mujeres, que optan por la humillación en lugar de ofrecer resistencia a los agravios recibidos. El autor del ensayo, en su condición de Psicólogo muy reconocido, dándole vuelta a la tortilla, también examinó a muchos veteranos de la politica, a grandes potentados de los negocios, a altos personajes de la academia y por supuesto, altos jefes militares, que eran recurrentes de la altanería para poder imponerse a los demás, sino era con gritos, y usando su entorno de fuerza para sentirse superiores. Según el Dr. Kets una conducta propia de los altaneros es comportarse como matones de patio, y sus tácticas bien reconocidas consisten en apelar a la agresión de varias maneras, sea gritando, aparentando una fortaleza en base a usar a otras personas para dar una idea de fuerza. El Dr. Kets, que a la vez es Psiquiatra, explica en su ensayo, que un individuo con tales características, en el fondo resulta ser una persona cobarde, que esconde sus miedos en la burla, en los gritos, en las amenazas e incluso en las agresiones morales y físicas contra los que se oponen a sus caprichos.
De hecho, cobarde es una de esas palabras que encajan con fuerza en un individuo que, escudándose en una alta posición, en una vestimenta que le otorga autoridad, y a menudo, en la engañifa que le hacen creer ciertos personajes a su alrededor, que a fuerza de adulación le hacen sentirse un personaje importante, que lo puede hacer todo, incluso recurrir a la humillación pública para aplastar a toda aquella persona que no acepte someterse a sus caprichos. A mi juicio, esta no es una descripción neutral o genérica, en nuestro medio lleva consigo una dedicatoria para el ex jefe de las FFAA Roosevelt Hernandez, cuya conducta pudimos descifrar en los dos años que estuvo al frente de las FFAA.
Para analizar el comportamiento de Roosevelt Hernández en sus dos años que se desempeñó como jefe de las FFAA, no necesitamos una lupa, porque la cobardía le brotaba por los poros, pero se volvió más visible de lo normal, cuando se mostró como una caricatura de militar, con su «figurita temblorosa» que se escondía tras el uniforme de gala de general de las FFAA, apelando al grito y al insulto como argumentos,y que, en una persona cobarde, aunque parezca una ironía, desde su interior lo que transpira es miedo y contradicción. No hace falta imaginarse a Roosevelt en un campo de batalla ni mucho menos en un escenario de guerra, porque su conducta cotidiana que le pudimos observar en sus comparecencias públicas, estuvo plagada de cobardía, desde la vez que lo vimos en una actitud populista repartiendo comida a los activistas de su partido Libre.
Allí, el personaje de marras no se exponía como un líder militar, debajo de aquel uniforme que ya para entonces era
el disfráz de un villano, Roosevel Hernández ya no nos podía engañar, haciéndose pasar como un buen ser humano, solo porque repartía comida a sus camaradas, porque ya se le notaba en la cara la ansiedad de que la gente lo viera de otra manera, como un futuro líder político del partido Libre; y sin embargo, su capacidad de actuar fue tan pobre que nunca pudo ocultar su verdadera cara, la del villano que había traicionado a la institución militar, y traicionado a Honduras, al sumarse a la causa de un proyecto político populista-marxista, abastecido de mucho dinero por el cartel de los Soles del chavismo.
Personajes como Roosevelt Hernandez revelan una conducta psicológica atemporal: su cobardía no solo es trágica, sino ridícula. Cuando Roosevelt intentó sabotear las elecciones primarias, su bribonada se convirtió en un autosabotaje. Quiso hacernos la trampa a los electores, retrasando la llegada del material electoral para hacer que los ciudadanos abandonáramos nuestro centro de votación, pero con nuestra persistencia estoica de mantenernos esperando las urnas hasta por doce y catorce horas, derrotamos a Roosevelt, a Mel, a Marlon Ochoa y a toda esa recua de pillos que nos querían robar el derecho a elegir a los candidatos, aquel memorable 9 de marzo 2025.
Conclusión: la cobardía rara vez es la ausencia de valentía. Con mayor frecuencia se trata de una elaborada felonía para asustar al adversario, especialmente para agredir a los que se dejan intimidar, ya sea usando la fuerza cruda como le gusta hacerlo a Roosevelt ante cualquier adversario, con una represión verbal altisonante, con la que buscaba enterrar en el miedo a los demás, especialmente si eran mujeres. Clínicamente hablando, la cobardía de Roosevelt Hernández estuvo enmascarada con una autoestima frágil, pero, por ser un persona de baja estatura, nunca pudo ocultar el temor de que los demás pudiéramos notar el terrible complejo interior que sufren los enanos. Por eso es que, siempre intentó aplastar a gritos a quienes le criticaban sus desplantes ridículos.
Apartir de ahora, a Roosevelt Hernández le tocará un largo recorrido ante el Ministerio Público, después ante los tribunales, y casi inevitable que la recta final sea hacia una prisión por los delitos graves que cometió. Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 29 de julio 2026