
Por Nery Alexis Gaitán:
Amo a mi país y he luchado por fortalecer la endeble democracia que tenemos, ya que entiendo que es la ruta hacia la prosperidad, evitando tiranías tanto de izquierda como de derecha. Siempre he soñado con un país con una alta calidad de vida, en donde cada ciudadano tenga un acceso feliz a educación de calidad, a un sistema de salud eficiente, empleo digno, etc., y que haya un gobierno que defienda los sagrados intereses de la patria por sobre todas las cosas.
Pero, al contemplar lo que pasa día a día en estas tierras catrachas, el panorama de injusticias es desgarrador. La búsqueda del bien común está ausente. Los gobiernos del pasado y del presente han sido y son verdugos del pueblo. Defienden y representan solamente los intereses de los grupos económicos, dueños de todo lo que vemos. Los conglomerados, y me resisto a usar la palabra mafias, financieras, industriales, ganaderas, empresarios de todos los ramos y la clase política casi en su totalidad, son viles explotadores de los pobres.
Unidos, cual fatídica flota, navegan en el ancho mar de la corrupción. Las olas de la impunidad los hacen navegar viento en popa y a toda vela, hundiendo al país en la más aberrante miseria que imaginar se pueda. Y es que el único horizonte que vislumbran es la mezquindad, plena de avaricia y maldad.
Aquí no existe una verdadera protección al consumidor, y la que hay sólo es un elefante blanco más, por eso le roban al cliente “legalmente” a vista y paciencia de todos. El injusto sistema financiero sólo otorga un 1% de interés anual en las cuentas de ahorro, pero al otorgar préstamos, con el mismo dinero de los ahorrantes, cobra al menos el 30% de interés anual, más seguros y desembolso. Los intereses de las tarjetas de crédito rondan el 51% de interés anual.
Las casas comerciales, en los créditos que otorgan, cobran descaradamente el 88% de interés anual; y hay una que con la política de “cuotas chiquitas” cobra el 115% de interés al año. A este robo descarado hay que agregarle que algunos comercios venden artículos de segunda mano o reparados, como si fuesen nuevos, y de paso no quieren responder ante los reclamos de los clientes, sin importarles que les hayan hecho comprar un seguro adicional por el artículo adquirido.
Aunque en papel tenemos una excelente ley laboral, se viola constantemente. Hay empresas que no pagan ni el salario mínimo. Hacen trabajar a los empleados horas extras y no se las pagan. Hacen que los trabajadores paguen los uniformes que usan; no les permiten que lleven comida al trabajo y los obligan a comer de la comida que venden y se las cobran caro.
Los malos tratos y las amenazas están a la orden del día. El acoso sexual es permanente. A veces les niegan que vayan al IHSS, etc. Si los empleados denuncian los atropellos los despiden inmediatamente. Si por casualidad los reclamos llegan al Ministerio del Trabajo, los inspectores se venden a las empresas perjudicando a los trabajadores.
La clase política es de la peor calaña posible, cuatreros en acción cuyo único propósito es enriquecerse y defender los intereses de su partido político y de los grupos económicos que financiaron su campaña. Por eso la corrupción público-privada es el mal devastador que ha condenado a los pobres a subsistir de una forma inhumana. Lo desgarrador es que son la mayor parte de la población, más del 60%.
Así vemos que en todo accionar gubernamental se le roba a los pobres y los millonarios cada vez se hacen más ricos. Esa es nuestra desgracia, mientras el país se hunde en la miseria, en la delincuencia, en la extorsión, sin salud ni educación eficientes, etc.
¡La corrupción nos ha convertido en un país fracasado! Mientras no se les exija cuentas a los políticos y empresarios corruptos, nada cambiará y nuestra única opción de vida será la pobreza y la miseria.
¡Los hondureños merecemos un mejor destino en la vida!