
El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, propuso eliminar las elecciones en el país centroamericano al asegurar durante la conmemoración del 47 aniversario de la revolución sandinista que no volverán a celebrarse comicios para evitar que la oposición intente «atrapar el poder».
El mandatario, quien gobierna desde 2007, ha cimentado su permanencia en el poder a lo largo de las décadas mediante diversas maniobras políticas e institucionales, tales como un acuerdo en 1999 que redujo al 35 % el porcentaje mínimo para ganar la presidencia, la declaratoria de «inaplicabilidad» del artículo constitucional que prohibía la reelección continua en 2009 y la inhabilitación de la oposición.
La consolidación del régimen de Ortega y su esposa y copresidentes, Rosario Murillo, también ha estado marcada por procesos electorales cuestionados internacionalmente, incluyendo los comicios de 2016 sin observadores internacionales y el arresto de siete aspirantes presidenciales opositores antes de las votaciones de 2021.
Ante esta reciente propuesta de abolir por completo el sufragio popular, críticos y opositores exiliados señalan que la medida responde a la estrategia histórica del sandinismo de retener el control político a toda costa, eliminando de forma definitiva los mecanismos de alternabilidad democrática en la nación.