
Se están cumpliendo dos décadas, en que la ENEE comenzó a caer en picada hasta llegar a convertirse en el mayor problema de Honduras. Hace 20 años, en el 2006, cuando comenzó el primer gobierno de Mel Zelaya, representando al Partido Liberal, fue cuando empezó el ambiente de corrupción y deterioro de la principal empresa del país. El artífice del comienzo del gran desmadre de la ENEE, en ese año, 2006, fue el entonces presidente Manuel Zelaya, al nombrar como gerente de la empresa eléctrica a Rixi Moncada, que por no tener siquiera nociones del cargo que asumía, no supo qué hacer, más que tirar la toalla a los pocos meses para dejar el cargo en manos de Mel Zelaya, al que no le bastaba ser presidente de la República, y con una inexperiencia brutal, se dedicó a sacudir a una empresa que por su complejidad estaba fuera de su alcance, por la nulidad de conocimientos y cero experiencias en la materia eléctrica.
Con esa aplastante mala gestión que partió en el 2006, comenzó la triste trayectoria de la debacle de la ENEE, que hoy tiene a Honduras de rodillas, al borde de la quiebra, en el momento que la represa El Cajón caiga en el colapso por la falta de mantenimiento. Han sido 20 años de desastre, en que, la clase política que ha estado al frente de la administración del país, ha demostrado, además de su incapacidad, su desinterés por readecuar y resolver los problemas de la principal empresa de Honduras. Después de aquella movediza gestión de Mel Zelaya, defenestrado en junio de 2009, vinieron tres administraciones nacionalistas que vieron de lejos la marcha desastrosa de la ENEE, hasta que, con Mel Zelaya de nuevo en el poder, en los últimos cuatro años, la ENEE recibió el tiro de gracia.
Estamos a veinte años del comienzo del suplicio de la ENEE; en todo este tiempo no hubo un asomo de interés de los gobiernos por enfrentar la crisis de la empresa, ningún gobierno intento buscar el apoyo de EEUU para enfrentar este problema que crecía cada día; se le dejo crecer como si no hubiera capacidad para atisbar que la acumulación de la deuda la llevaba a la ruina, que es la quiebra de Honduras. Hasta que llega la nueva administración con Nasry Asfura, con el respaldo de EEUU, con un nuevo modelo de operación, administración y financiación, y cuando el desafío que representa la ENEE es un problema cuya solución resulta inaplazable.
Se ha hecho necesario articular un nuevo marco de gestión de la crisis de la ENEE en el que, la cooperación de EEUU es fundamental, debido a su capacidad indiscutible para asegurar una nueva forma de gestión administrativa de esta empresa vital, en donde debe prevalecer la transparencia en los tres ramos en que quedara dividida la operación de la empresa, y que conviene reforzar, tanto en generación, en transmisión y en distribución. En estos momentos, dado el estado desastroso en que se encuentra, la ENEE en si misma es una amenaza para Honduras y para la democracia, porque lejos de ser una garantía de progreso para el desarrollo, es herramienta negativa, que al haber estado en manos de politicos inescrupulosos, desde aquel lejano 2006 en que asumió su dirección Rixi Moncada, su rescate para lograr la recuperación dependerá del nuevo marco jurídico, institucional y ético en el que se integre.
Deberá ser un nuevo marco que permita superar los veinte años desastrosos que destruyeron una empresa vital, que a estas alturas debió estar convertida en un modelo de desarrollo y progreso, pero que al caer en el precipicio en que esta, la ENEE es la principal referencia de la incapacidad y deshonestidad de la clase política que nos ha gobernado desde 2006 hasta 2025. Debido a la mala situación de la ENEE, Honduras bate récords de cómo se desgobierna un país para llevarlo a la ruina. La paradoja refleja un problema de irresponsabilidad de la clase política gobernante que ha tenido la conducción del país desde 2006 hasta 2025, y es la persistencia de un distanciamiento de la honestidad, que expulsa la ética y la transparencia en los grandes asuntos de Estado, como la ENEE.
Empresas como la ENEE, y la Empresa Nacional Portuaria, siguen identificando la dificultad, la oscuridad y la falta de transparencia en su manejo. La deficiente productividad, y el poco o nulo interés por el coste de su manejo, han dado como resultado una administración especialmente grave para Honduras, porque han perdido el sentido de eficiencia y rentabilidad. Hay que combatir el mal manejo y el saqueo de estas empresas, pero, para vencer estos males, requiere un cambio cultural que considere vital el apoyo de EEUU y organismos internacionales que conocen las experiencias exitosas de empresas similares en varios países.
Por ahora, la crisis profunda que abate a la ENEE nos tiene electrocutados, con una perdida diaria que arrastra a Honduras como una avalancha que nos dejara ahogados si no se le planta cara con un nuevo marco de gestión.
Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 15 de junio de 2026.