
En apenas cuatro meses de gobierno, el presidente Nasry Asfura está recibiendo una andanada de reclamos, algunos son justificados y otros, en su mayoría que corresponden al contexto del partido PLR, que ha apretado sus baterías pretendiendo debilitar y desestabilizar a la administración que lo sustituyó en el poder, una conducta que en el ambiente democrático es normal. Sin embargo, al Gobierno de Asfura no le debe preocupar un solo comino la crítica de la gente del PLR, porque este partido se labró su propia estaca con el pésimo gobierno que hizo durante cuatro años, y por el desgaste enorme de la terrible corrupción que lo corroyó, por lo que se ganó la soberbia paliza electoral el pasado 30 de noviembre, que los ha dejado refundidos en una enorme fosa séptica.
Lo que debe preocuparle al gobierno, es el reclamo de la genuina población hondureña, donde salen voces sinceras que no piden cosas imposibles, solo plantean lo que desea el común de los hondureños: necesitamos un país en el que lo básico funcione. Honduras, en un sentido más amplio, encara un torbellino de turbulencias en el que, como país necesita mejorar sus parámetros de competitividad, comenzando por mejorar los servicios públicos que son fundamentales como la electricidad y el agua, que son las dos más grandes necesidades familiares y que en Honduras son dos aspectos que dejan mucho que desear desde hace mucho tiempo.
El de la energía eléctrica es el problema más grave que tiene Honduras, que nos tiene al borde de la quiebra como país, por las desacertadas decisiones que han tomado los gobiernos de todos los colores. La ENEE se agravó en el 2006 cuando Mel Zelaya nombró a Rixi Moncada como gerente de la ENEE, en donde no dio resultados, y a los pocos meses, el propio Mel se autonombró en sustitución de Rixi, y de allí para acá la ENEE se vino en despicada. En un gobierno nacionalista, posterior, se cometió el desaguisado de nombrar a Jesús Mejía como gerente de la ENEE y de Hondutel, simultáneamente, uno de los peores desaciertos gubernamentales. Estas razones hablan por sí solas de las pésimas decisiones políticas que han llevado a la ruina a las empresas estatales de servicio básico.
Hoy, al parecer el Gobierno de Nasry Asfura tiene una serie de ofertas de EEUU para resolver la grave crisis de la ENEE, que es el problema más grave que afecta a Honduras. De acuerdo a información fehaciente que se nos ha proporcionado, hay interés supremo en EEUU para ayudarnos a resolver la asfixiante situación de la ENEE. Pronto será sometido en el Congreso Nacional un proyecto para reformar el subsector eléctrico, para enmarcar la ley en seis principios que se proponen asegurar un sector eléctrico ordenado, transparente y con reglas claras. A simple vista, la reforma del subsector eléctrico contempla resolver el problema de la energía eléctrica en Honduras, para lo que, los proyectistas actúan con toda la meticulosidad que amerita, respetando la opinión de los ciudadanos. En la enmienda al texto, se contemplan seis preguntas: 1) ¿Se mantiene el aspecto económico al mínimo costo? 2) ¿Se limita la competencia entre agentes del mercado? 3) ¿Se conceden exclusividades o privilegios a empresas o grupos? 4) ¿Hay costo fiscal escondido o pasivo contingente para el estado? 5) ¿Se mantiene la institucionalidad e independencia de la CREE y la OSM? 6) ¿Se respetan las finanzas de la ENEE y no se le obliga a tomar decisiones contra sus intereses?
Si en alguna propuesta no se responde estas seis preguntas con claridad, los proyectistas se comprometen a no incorporar la propuesta ni a defenderla públicamente. Tampoco se contemplan exoneraciones ni incentivos fiscales. La reforma se propone una ley que sitúe a los ciudadanos en el centro. No contempla privatizar ni vender la ENEE, no contempla resolver al problema subiéndole a la tarifa, sin exoneraciones ni privilegios fiscales, sin otorgar exclusividades a nadie, no permitir que la ENEE sea una especie de caja política y adecuar la ENEE como empresa robusta que no debilite el rol del Estado.
Estimamos que esta reforma es un buen principio para crear un mercado ordenado, transparente y con reglas claras, para lo cual depende de la voluntad política del gobierno, para resolver el grave problema de la ENEE que tiene a Honduras al borde del abismo. El problema del agua es un asunto municipal, y depende en la capital de la diligencia de la alcaldía, que ya debería estar pensando en un plan hidrológico, basado en represas recolectoras de agua lluvia, siendo que Tegucigalpa no tiene fuentes naturales por la carencia de ríos.
Necesitamos que, al menos, estos dos servicios básicos que son elementales, electricidad y agua, funcionen, lo cual no quiere decir tampoco que con estas dos necesidades satisfechas seremos una potencia. Al menos con estas dos decisiones que tomen en el Congreso Nacional y en la alcaldía, no seguiremos dependiendo de las coyunturas para tener electricidad a precio razonable y agua potable suficiente, para no sufrir los terribles racionamientos. Para esto no necesitamos emplazar ni al Congreso Nacional ni a la alcaldía de la capital, porque ambos organismos electos democráticamente, están obligados a dar un paso adelante para abordar estos retos, por el bienestar de los ciudadanos que los eligieron. Necesitamos que las autoridades: Gobierno, Congreso y alcaldías acompañen a los ciudadanos, que actúen de manera eficiente y transparente, para que los servicios básicos funcionen, porque solo de esta manera generaran confianza y como autoridades ganarán estabilidad.
Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 1 de junio de 2026.