
La gran final del fútbol hondureño comenzó a jugarse con alta tensión fuera de las canchas tras una fuerte denuncia de la junta directiva del Fútbol Club Motagua. El presidente del Ciclón Azul, Pedro Atala, expresó su profunda preocupación y malestar ante una serie de decisiones administrativas adoptadas por los dirigentes del Marathón de cara al partido de ida en San Pedro Sula, argumentando que se están propiciando condiciones hostiles y de intimidación contra la fanaticada capitalina.
Los detonantes del conflicto y la represalia azul:
Boicot económico y exclusión: La cúpula motagüense denunció que Marathón decidió ubicar de forma arbitraria a la barra visitante en la localidad más cara del Estadio Francisco Morazán; asimismo, informaron con indignación que los representantes del Motagua fueron excluidos y no recibieron invitación para el congreso de seguridad obligatorio que se realiza antes de estos partidos de alto riesgo.
Veto para el partido en Tegucigalpa: Pedro Atala calificó las acciones de la dirigencia verdolaga como una falta de espíritu deportivo que fomenta el odio, anunciando de inmediato que en reciprocidad para el juego de vuelta del domingo en el Estadio Nacional se prohibirá estrictamente el ingreso de aficionados del Marathón que porten camisas o colores oficiales de su club.
El pitazo inicial de esta polémica llave de Gran Final se mantendrá este jueves en San Pedro Sula, dejando toda la presión institucional para el cierre definitivo que coronará al nuevo campeón del balompié nacional el próximo domingo en Tegucigalpa.