
Cuando los sagrados intereses de un país se colocan en primer lugar se obtiene como resultado una asombrosa prosperidad. Ese es el ejemplo que nos enseñan los países desarrollados, cuya administración eficiente refleja que valoran la calidad de vida del ciudadano común. La corrupción, si existe, es poco significativa. El uso acertado de los bienes públicos, la explotación racional de los recursos naturales, las industrias, el comercio y todo tipo de empresas enfilan hacia el bien común. La educación es de altísima calidad, la salud es completamente eficiente, las carreteras son de primer nivel y el gobierno funciona tal como debe ser, salvaguardando los intereses de la población. Los gobernantes, ministros, funcionarios y todo empleado están al servicio de la población; llegan a servir y no a servirse con la cuchara grande. Taiwán es un fiel ejemplo de país próspero con una alta calidad de vida.
Tristemente, Honduras es un país subdesarrollado, muy pobre, el índice de Desarrollo Humano es bajísimo. La mayor parte de la población vive en la pobreza; y la vida se ha encarecido tanto que el 40% de los pobres van ingresando a la miseria, esto significa que no tienen para comer los tres tiempos reglamentarios al día. Los pobres, como dice el poeta Sosa, “es imposible olvidarlos”, sufren de todo y por todo. El gobierno no representa los intereses de la población, sólo defiende intereses económicos de los grupos de poder; los dueños de Honduras hacen lo que quieren a su antojo, no hay un sistema de justicia efectivo que les ponga freno.
Aquí los pobres sobreviven por la gracia de Dios, el abandono gubernamental es casi total. El sistema de salud está colapsado, los hospitales están desabastecidos, no se encuentra ni una simple pastilla para el dolor de cabeza; el equipo médico ya dio su vida útil, los quirófanos están por derrumbarse; la mora quirúrgica es altísima, urgen 18,000 cirugías y no hay cómo realizarlas; el personal médico tiene que hacer huelgas para que le paguen. Aunque de nada les sirve a los pobres, pero es de ponerse a llorar, como lo hizo una señora que no le dieron ninguna medicina y estaba grave. Es normal que en los hospitales públicos la gente se muera en los pasillos día a día. El IHSS está en las mismas condiciones después de los saqueos constantes.
La educación pública es un desastre, los programas están desfasados, obsoletos; los docentes trabajan con las uñas, a veces tienen que caminar horas para llegar a su lugar de trabajo y les toca atender varios grados, abundan las escuelas unidocentes; las escuelitas están por derrumbarse. Ojalá que algún día, nunca, pero nunca más, miremos a un grupo de niños, de una aldea olvidada, desfilando un 15 de septiembre, descalzos, con ropa rota y tocando como si fueran tambores, latas de leche vacías con unos palitos y llevando al frente una banderita remendada, hecha con pedazos de tela azul y blanco.
La infraestructura vial es un desastre, las carreteras están llenas de baches o no han sido pavimentadas nunca. La tasa de desempleo es altísima. La inseguridad ciudadana se ha incrementado, la delincuencia común está terrible, hay extorsión por todos lados, las masacres son habituales, impera la violencia.
Mientras tanto, los políticos sólo se sirven a sí mismos. Llegan al poder a defender intereses de grupos económicos, de su partido y personales. A saquear el erario público y hacerse millonarios a costa del sufrimiento de los pobres. Es así que hay dinero para todo, menos para ayudar a los necesitados. Los abusos y los saqueos son constantes. Como ejemplo, un funcionario antes de llegar al poder, andaba en bus y de pronto tuvo acceso a una escolta de tres camionetas blindadas y guardaespaldas. Enumerar los actos de corrupción de los servidores públicos sería la de nunca acabar. Los políticos siempre están en conflicto entre ellos por gozar del poder. Así vemos que para la clase política sus intereses son primero. Y los intereses de Honduras y de los pobres no aparecen en su ageNery Alexis Gaitán