
Guanaja o Bonaccá, es parte elemental de nuestro precioso archipiélago caribeño conformado por Roatán, Utila y por supuesto Guanaja. Hay quienes se atreven a calificar a Guanaja como la más bonita de las tres Islas de la Bahía, puede que así sea, aunque las tres islas tienen sus encantos que nos hacen sentir orgullosos a los hondureños, al saber que tenemos tres porciones insulares que son verdaderas joyas divinas. Guanaja está apenas a unos 70 kilómetros de distancia de nuestra costa atlántica y a solo 12 kilómetros de Roatán, nuestra isla mayor. Es una isla mártir, azotada por tempestades que la han devastado varias veces y por siniestros, que por el tipo de construcción, son difíciles de controlar.
Ahora, de Guanaja nos llega una noticia muy triste: los guanajeños están metidos en medio de una trifulca política que no tiene razón de ser, porque siendo una isla tan pequeña es inevitable que sus habitantes deben encontrarse a cada momento por sus angostas calles, de manera que vivir enemistados por una causa sin razón, es convertir a Guanaja en un pueblo chico siendo un infierno grande, donde a cada paso los de un partido querrán sacarle los ojos a los del partido adversario. Esto es tan inaudito como inconveniente, pero que debe llamar la atención del mismo gobierno central, porque el conflicto entre guanajeños está llegando al punto de que la pequeña isla puede quedar dividida entre dos bandos partidarios que podrían llegar al extremo de vivir «empleitados» por el resto de su vida, lo cual sería una tragedia para las familias guanajeñas.
El conflicto se ha encendido desde el reñido resultado electoral del 30 de noviembre, en que se registró un empate entre los dos candidatos a la alcaldía. No ha habido una conducción atinada del Tribunal de Justicia Electoral, especialmente del presidente de este organismo, que, quizás más por descuido que por mala fe, no actuó como debió hacerlo, que era, convocar a las partes para desarrollar en un ambiente de diálogo el especial proceso electoral que primero lime asperezas y mal entendidos, que es lo que prevalece entre guanajeños. Dirigir un proceso electoral en un ambiente caldeado por los animos acalorados en una población caribeña que debido al clima imperante en la isla, es gente que vive bajo los influjos del sofoco. Para los isleños, vivir sofocados los hace estar dispuestos a la confrontación permanente.
Visitamos Roatán con periodicidad anual, llevamos 15 años yendo a esta isla que cada vez nos impresiona más, pero tenemos mucha alimentación de Guanaja y Utila, siendo estudiantes en el Instituto FDR de Puerto Cortés tuvimos compañeros estudiantes de las islas, conservando gratísimos recuerdos de ellos. Por eso, ver enfrentados a los guanajeños en una confrontación por razones políticas nos conmueve, pero más nos preocupa, porque el control de una pequeña alcaldía no es razón para que los guanajeños se mantengan en un estado de confrontación que puede derivar a una situación enemistosa de consecuencias graves en el futuro.
Por ahora, los guanajeños solo se han atacado a escobazos, azotándose con palos de escoba, pero puede que más tarde ya con el control perdido, alguno de ellos puede acudir a las armas blancas o armas de fuego y una vez resultando una víctima mortal la situación puede derivar a un extremo delicado. En la historia de la dramaturgia norteamericana se dio el caso de Payton Place, un pequeño pueblo de Nueva Inglaterra en EEUU, donde la enemistad se institucionalizó entre los pobladores, volviéndose tan famoso el lugar que sirvió como argumento para una serie de televisiva, que recordamos de los años 60, con el lema «La caldera del diablo», «pueblo chico, infierno grande». Algo que debemos evitar que se repita en Guanaja.
Sugerimos, con el buen entender, producto de la sensatez, el proceso electoral de Guanaja se programe con la conducción del Consejo Nacional Electoral, y que previo, las autoridades del gobierno central lleven a cabo misiones de conciliación entre los habitantes de Guanaja. Comenzando por hacer un listado de las necesidades de la isla con el compromiso del gobierno central de desarrollar un plan de apoyo, que se lo merecen las dos pequeñas islas, Guanaja y Utila. Hay que ir a Guanaja, dialogar con los guanajeños, reducir la intensidad del calor confrontativo alimentado por las altas temperaturas que terminan de encender los ánimos en la gente de la isla.
No se debe manejar el caso de Guanaja a distancia, los organismos nacionales deben ir a la isla a sofocar el calor que, si ahora se traduce en pleitos a escobazos, más tarde puede ser dirimido con cuchillos y con pistolas. Guanaja, igual que Roatán y Utila se merecen ser tratados como hondureños, no como extraños en Honduras.
Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 16 de marzo de 2026.