
El ahora denostado y atacado «bipartidismo» hondureño no es ningún invento del demonio, es el término de una composición simbólica de los dos grandes partidos democráticos: Liberal y Nacional, que surgió en la época de la transición, cuando Honduras recobró la institucionalidad en 1980, después de casi dos décadas de gobiernos de facto, encabezados por jefes militares. Con todo lo que se le quiera espetar al bipartidismo, por los lideres del antidemocrático Partido Libertad y Refundación, el bipartidismo es el creador de la actual Constitución de la República, pensada y escrita para favorecer la gobernabilidad y que está a la vista que ha rendido resultados más que notables.
El PLR, con un profundo sentimiento autoritario, enemigo de la democracia, tiene el supremo interés como partido antidemocrático, buscar de cualquier forma crear inestabilidad para sacar provecho de ella en el mercado negro de la política, como lo demostró en los cuatro años de desgobierno, cuando el PLR actuó como un partido bisagra con los carteles de la droga, siendo su conexión más visible, directa y familiar con el «Cartel de Soles», creado por el dictador marxista venezolano Hugo Chávez.
En Honduras, la alternancia bipartidista funciona con matices, especialmente desde 1980 hasta el día de hoy, con aciertos y errores, pero garantizando la convivencia en libertad, que es altamente apreciada por el pueblo hondureño. El bipartidismo hondureño ha funcionado igual que en las democracias más sólidas del mundo, especialmente en EEUU, Europa y América del Sur. Le falta a nuestra democracia que el bipartidismo acepte reforzarse de algunas reformas, como la segunda vuelta o «ballotage», que solo es merecedora de consideración por los dos grandes partidos históricos. Hay que hacerlo pronto, porque modelos como el de Cuba, Venezuela y Nicaragua son del todo caóticos, descalzaperros de minorías, que acuden al chanchullo para hacerse del poder por la vía fraudulenta. El PLR cuando esta fuera del poder se hincha pidiendo reformas electorales, pero una vez instalado en el mando del país es enemigo de los cambios, prefiriendo acudir al expediente de la violencia y la violación de la Constitución, convirtiendo la escena pública hondureña en una Jaula de Grillos, con mayúscula.
Sin embargo, el amplio respaldo del pueblo hondureño en las pasadas elecciones a los dos grandes partidos, obedece a la convicción de los ciudadanos de que, entre liberales y nacionalistas, pese a todos los errores cometidos por los partidos históricos, siguen siendo la mejor opción para la solución de los problemas del país, no obstante que los nacionalistas que son los que han tenido más tiempo la administración del país, son señalados como culpables de cometer los más grandes errores al frente de la conducción del Estado. Quizás porque el liderazgo del PN, se maneja con un profundo espíritu vertical, y tiene más capacidad de organización, son más los hondureños que se inclinan por este partido, lo cual es algo axiomático, es decir, que no necesita demostrarse.
No obstante esto, en el único retroceso del bipartidismo ocurrido en el 2021, cuando el PLR con el respaldo de Salvador Nasralla ganó el poder, los hondureños pronto se desencantaron con el proceder autoritario y bribón del gobierno de Xiomara Castro, además por su incapacidad para trabajar por las soluciones que demandaban los hondureños, al grado que los ciudadanos se pasaron los 4 años de desgobierno contando los días y los meses para que llegara el momento de echarlos del poder en las urnas. Y aun después de las elecciones, el malestar de los hondureños se dispersa entre la voluntad de los que votaron y los que no votaron. Como nunca habíamos visto, los hondureños continuamos experimentando un malestar ciudadano en contra del PLR, fruto de la radicalización y el desengaño por habernos llevado el gobierno de Xiomara Castro a un proceso de empobrecimiento de las clases medias, ante la rigidez autista de la dirigencia del PLR, que se hartó a manos llenas con el manoseo de los dineros públicos.
A eso se debe la atomización del PLR, que en cuatro años se refundió en el poder, con un gobierno incapaz de producir éxitos, siquiera en una mínima proporción de lo que logró el imperfecto modelo bipartidista, que hoy ha retornado al poder con el enorme desafío de no incurrir en los mismos errores que antes causaron frustración social, provocando la eclosión de un voto de castigo en el 2021, resultando elegida Xiomara Castro, en circunstancias especiales, donde un electorado exaltado no reflexionó al premiar con el voto a demagogos peligrosos en detrimento de la democracia convencional. Hoy, de nuevo ganaron nacionalistas y liberales, casi empatados, el PLR quedó refundido, pero este no es un fenómeno irreversible, el PLR no ha muerto ni ha desaparecido como creen algunos inexpertos.
El remedio para fortalecer al bipartidismo está en la buena política. En tanto el PN como el PL cumplan con las ofertas de campana y, sobre todo, que el bipartidismo no le huya al deber de hacer justicia. En este momento el pueblo hondureño demanda que por la vía del juicio político se castigue a los funcionarios que intentaron conculcar por muchas vías oscuras el sagrado derecho de los hondureños de elegir a un nuevo gobierno. El gobierno que preside Asfura apenas lleva un mes, muy poco tiempo, pero, los hondureños están ansiosos de ver que los diputados tengan como prioridad incoar el juicio político. Y esto no es asunto de un solo partido, es una obligación del bipartidismo. Los hondureños esta vez no le reclaman a un solo partido, le reclaman al bipartidismo que se amarre los pantalones y proceda con el juicio político contra todos los violadores de la Constitución en el pasado gobierno del PLR.
Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 12 de marzo de 2026.