
Por siglos el debate en torno a la moral y la ética ha estado en la cresta de las diferentes sociedades, en la medida que la teoría y la práctica no han podido compaginar, debido a la mala voluntad de las personas, especialmente aquellas que hicieron de la política su modus de vida habitual, sin vocación de servicio, buscando exclusivamente el enriquecimiento rápido y el aprovechamiento personal de los cargos públicos. La aparición del autor argentino José Ingenieros marco un «parteaguas», en el momento que vio la luz pública su trascendental libro «Las Fuerzas Morales», obra que explora la ética y la moralidad de los individuos especialmente con el desarrollo personal y social.
Aunque han pasado muchos años de la aparición del libro «Las Fuerzas Morales» de José Ingenieros, el pensamiento de este autor sigue tan vigente en la medida que la práctica de la inmoralidad, especialmente en cierta clase política de nuestro país, en la que el deseo de enriquecerse desde los cargos de la administración pública los muestra como elementos inmorales, en los que, prevalece el cultivo de la inmoralidad, con una fuerte disposición de aprovecharse de las facultades que las leyes ponen a su alcance, para hacerse de negocios truculentos con los cuales se agencian dineros fáciles por la vía ilícita.
«Las Fuerzas Morales» de José Ingenieros es una necesidad aplicable en la Honduras de los actuales tiempos, cuando la voluntad de muchos politicos ha flaqueado o ha sido doblegada por la urgencia de enriquecimiento, como vemos con tristeza, sobre todo en estos últimos cuatro años, a muchos funcionarios del gobierno del PLR expresarse con orgullo que el delito de nepotismo era justificado para ellos, porque habían ganado el poder otorgado por el soberano y eso bastaba para sentirse dueños de Honduras, con derecho a hacer y deshacer, en un olímpico desprecio a las leyes y a la misma Constitución de la República.
En estos últimos cuatro años, sobre todo, aunque sin ignorar muchas otras desventuras políticas de gobiernos anteriores, se cometieron las peores barbaridades: el Congreso Nacional fue asaltado por un ejército de usurpadores, desde allí fueron impuestos una bandada de funcionarios ilícitos entre ellos dos procuradores, todo un Poder Judicial, un fiscal general y desde la Presidencia ejercida en forma usurpadora, ungida una pseudo Comisión Permanente. Este florecimiento de ilegalidad que significo tener durante cuatro años a tantos sujetos ilegales al frente de cargos importantes, hizo de Honduras una especie de «reino de la inmoralidad». A eso se debe que sujetos procesados y condenados por los tribunales fueron electos diputados del Congreso Nacional y como si tanta afrenta para la sociedad fuera poca cosa, desde su curul, diputados como Edgardo Casaña lograron nombramientos para otros cargos importantes, en un descaro sin precedentes.
La tristemente célebre diputada copaneca Isis Cuéllar, que percibió fondos públicos de gran cuantía de los fondos de SEDESOL, se pavonea en el Congreso al resultar reelecta por sus paisanos copanecos. La entrega de pasaportes vitalicios a exfuncionarios del gobierno del PLR, es un escape de la justicia por la ruta de la diplomacia; la estafa millonaria desde una supuesta empresa denominada KORIUN, que esquilmo millones de lempiras a hondureños incautos, son, entre los muchos casos, testimonios irrefutables de inmoralidad publica usando el membrete del gobierno. El rector universitario Odir Fernández fue impuesto al frente de la UNAH por el entonces secretario del Congreso, diputado Carlos Zelaya, haciendo desde aquel triste momento, que la máxima casa estudios fuera considerada una especie de «narco-universidad», por la forma como fue patrocinado el último rector de la UNAH, Odir Fernández.
En todo lo anterior, al darse situaciones en que prevaleció la ausencia de respeto a las leyes y a la norma fundamental que es el Constitución de la República, lo más notorio fue la falta de iniciativa y la conformidad social de los hondureños para no rebelarse y desarrollar una voluntad fuerte para superar la mediocridad que al final de cuentas es crucial para la construcción de una sociedad más justa, para lograr el progreso individual y colectivo de los hondureños. En la medida que los hondureños demostramos nuestra falta de iniciativa, exhibiendo una conformidad social, la sociedad se sumerge en la mediocridad y la práctica de la inmoralidad se apodera del país, de manera que los inmorales terminan creyéndose los reyes, como aconteció con el usurpador diputado Luis Redondo y muchos otros del PLR.
Honduras necesita de una fuerte campana de principios morales, que sirva como factor que motive a jóvenes y mayores a construir una nueva sociedad, que sea la base de una sociedad más justa para el progreso individual y colectivo de los hondureños. Es preciso desarrollar esta campaña para incentivar en los nuevos hondureños una voluntad fuerte y decidida basada en la moral y en la ética. Poniendo como contraparte, la voluntad indigna de sujetos politicos como Edgardo Casaña, Luis Redondo, Mel Zelaya, Marlon Ochoa, y Gerardo Torres, que han demostrado ser lo contrario a lo moral.
Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 10 de marzo de 2026.