
Pekín respondió con firmeza este lunes a las advertencias de Donald Trump sobre la influencia extranjera en el hemisferio occidental.
El Gobierno chino aseguró que su relación con América Latina y el Caribe carece de intenciones ocultas y no busca confrontar a terceros, defendiendo el derecho de cada nación a elegir sus propios socios comerciales.
La tensión escaló tras la cumbre «Escudo de las Américas» en Florida, donde Trump alertó sobre «influencias hostiles» y puso la lupa sobre el Canal de Panamá como un punto estratégico de seguridad nacional.
Ante esto, el portavoz chino, Guo Jiakun, recordó que los países de la región son Estados soberanos e independientes, no sujetos a la tutela de ninguna potencia.
Por su parte, el canciller Wang Yi subrayó que la cooperación china no exige a los gobiernos «tomar partido» en disputas ajenas, sino que se basa en el beneficio mutuo y el respeto.
Con este mensaje, Pekín busca consolidarse como un aliado económico clave, mientras Washington intenta blindar su influencia histórica en el continente ante el avance de las inversiones asiáticas.