El Irán contemporáneo es una nación de contrastes profundos que a menudo se simplifica en las noticias. Heredero del Imperio Persa y su vasto legado cultural, el país fue pionero en la región al aprobar el sufragio femenino en 1963 y promover una rápida secularización. Sin embargo, tras la Revolución de 1979, esa apertura se transformó en un régimen teocrático cerrado, donde la sofisticada sociedad civil iraní lucha hoy por recuperar sus libertades frente a un sistema de gobierno basado en el control religioso.

Durante el siglo XIX y principios del XX, Irán (entonces Persia) fue poco más que un tablero de ajedrez en el «Gran Juego» entre los imperios ruso y británico. El país sufría una debilidad estructural que lo convirtió en un estado títere, siendo ocupado militarmente y dividido en áreas de influencia según los intereses de estas potencias, lo que incluso provocó hambrunas devastadoras mientras el petróleo del sur era explotado por los británicos sin beneficio para el pueblo persa.

A mediados del siglo XX, la figura del Sha Mohammad Reza Pahlaví consolidó la influencia de Occidente, especialmente tras el golpe de Estado de 1953 orquestado por la CIA para derrocar al primer ministro Mossadeq, quien había nacionalizado el petróleo. A cambio de apoyo militar y económico, el Sha convirtió a Irán en el principal aliado de Estados Unidos en la región, manteniendo un régimen de modernización superficial pero con una represión política feroz que alimentó el resentimiento popular.

La Revolución Islámica de 1979 marcó el fin de la monarquía y el nacimiento de la República Islámica bajo el liderazgo del ayatolá Jomeiní. Este cambio transformó radicalmente la nación, imponiendo leyes estrictas basadas en el Corán que eliminaron derechos civiles y sociales. Además, Irán pasó de ser el «peón» de Washington a su mayor enemigo, utilizando su posición estratégica en el Estrecho de Ormuz como una herramienta de presión geopolítica que mantiene hasta el día de hoy.
En las últimas décadas, Irán ha consolidado su papel como potencia regional mediante una política de enfrentamiento indirecto con Estados Unidos e Israel. A través del apoyo a grupos armados y alianzas con Rusia y China.
Hoy, Irán es el epicentro de un conflicto armado sin precedentes contra quienes durante décadas ha calificado como sus enemigos mortales: Estados Unidos e Israel. Esta escalada ocurre tras el fracaso definitivo de los acuerdos en torno al cuestionado ‘programa nuclear’ iraní. Además, el régimen enfrenta un descontento interno histórico que ha derivado en una represión brutal, resultando en la muerte de miles de manifestantes que alzaron su voz en contra de la teocracia.