
Cada fin de semana, cuando me desplazo en los centros comerciales donde hago las compras de mi casa, no faltan las personas que me preguntan con insistencia y en forma reiterativa, como veo al nuevo gobierno que preside Nasry Asfura. Les respondo que es muy temprano para elaborar un juicio sobre el nuevo gobierno, pero que no me cabe ninguna duda que si algo podemos anticipar es que este será un gobierno pragmático, tomando en cuenta la corta base académica del nuevo mandatario, contrastada con su vasta experiencia de constructor, refrendada por sus innegables resultados como alcalde de la ciudad capital. Y cuando alguien me pide que les explique cómo es un gobierno pragmático, les respondo de manera sencilla, que, de acuerdo a la teoría del pragmatismo, Asfura se basara en la practicidad, en su experiencia como constructor y administrador de obras.
El presidente Asfura no es un politico de retórica fina, en ese sentido hay que atenernos a su filosofía triangular en la que ha basado sus mensajes: trabajo, trabajo y más trabajo. El pedagogo estadounidense John Dewey, creador de la concepción pragmática, aplico esta teoría de la practicidad en educación, basada en cuatro principios: unidad, interés, experiencia e integración. Un pragmático, por lo tanto, es ante todo una persona práctica, que vive de, para y por los resultados. A un pragmático no se le puede tomar el pelo con inventos caídos del cielo, un pragmático trabaja por resultados y exige a los demás lo mismo: resultados. La experiencia como constructor le da al Presidente Nasry Asfura la intuición de saber quiénes de su equipo de gobierno están trabajando con resultados. Por lo tanto, nos anticipamos a pronosticar que todo aquel funcionario que este trabajando mal o que este trabajando, pero sin ofrecer resultados, será reemplazado por otro que ofrezca expectativas positivas.
Esto podría ser bueno para Honduras, porque una de las grandes fallas que los organismos y cooperantes internacionales le han encontrado a la administración pública hondureña en todos los tiempos es un pobre nivel de ejecución, dicho en lenguaje técnico, pero que traducido al castellano hondureño significa que hemos sido gobernados por personas que no dan resultados o que ofrecen resultados tan pobres que solo contribuyen a que Honduras siga en los bajos niveles de pobreza que lindan con la miseria. El gobierno anterior que presidió Xiomara Castro brillo por dar los logros más insignificantes que jamás tuvo un gobierno hondureño, algo que amerita una explicación.
En realidad, la presidente Xiomara Castro hizo un desgobierno, que es lo contrario a un gobierno, cuya misión es dirigir la administración pública de la manera más eficiente para procurar el bienestar de los ciudadanos, mientras que la presidente Xiomara Castro y su equipo de desgobierno que la acompañó, se esmeraron por no hacer y cuando se propusieron hacer, fue en desmedro del bienestar de los hondureños. Lo vimos en el ramo más sensible que es el de la salud, donde los cuatro años de la administración de Xiomara Castro, los hospitales públicos fueron abandonados, la cancelación del fideicomiso para la compra de medicamentos por parte de la entonces secretaria de Finanzas, Rixi Moncada, fue un hachazo a la salud de las personas de escasos recursos que dependen de los hospitales públicos para procurarse un buen estado de salud. Otro tanto ocurrió con el hospital del Seguro Social, que fue víctima del ataque por dos flancos: por la SESAL que estuvo cuatro años velando porque no se le diera atención a los hondureños de escasos recursos en los hospitales públicos, y por el Seguro Social, donde llegó la flamante Carla Paredes en doble condición, como secretaria de Salud y como jefe de la comisión interventora del Seguro Social, un ataque a mansalva como para asegurar la extinción del Seguro Social.
Conociendo lo que le ha caído en sus manos al ganar en forma apretada la Presidencia de la República, Nasry Asfura ya nos dejó muy claro cuál es el camino por el que transitará sus cuatro años de gobierno: la ruta del pragmatismo, por la cual toda solución a los problemas pasa por afrontarlos de inmediato y buscar resultados. Ahora bien, una cosa es Nasry Asfura y otra muy distinta es su equipo de gobierno. Como apenas llevamos 30 días de la nueva administración, a estas alturas no se puede calificar la marcha del gobierno. Lo recomendable, según las reglas de la apreciación, que no son infalibles, es que todo gobierno se gana el beneficio de la comprensión de la opinión pública durante los primeros cien días, que equivale a más de tres meses, que, por lo general, es el tiempo que requiere todo gobierno que entra a gobernar por primera vez, para asentarse, conocer como deja la situación el gobierno anterior y poder ordenarse en sus propios esquemas para continuar la obra del anterior o para deshacer los entuertos heredados y enderezar la proa del barco estatal para dirigirlo a puerto seguro.
Y en esto tenemos que ser consecuentes: al gobierno de Nasry Asfura no es que le toca partir de cero, la cosa es peor, le toca recoger los pedazos de país en que quedó convertida Honduras, un país hecho trizas por el gobierno del PLR que presidió Xiomara Castro, que si tuviéramos que definirlo en lenguaje poético, lo acertado es decir que Honduras después del PLR es «un país hecho añicos» que son los pedacitos casi invisibles en que se convierte una cosa al ser triturada. Al Presidente Nasry Asfura, con su experiencia de constructor, le toca reconstruir la obra más grande que le ha puesto el destino en sus manos: ¡RECONSTRUIR A HONDURAS! Su espíritu pragmático le puede ayudar a acometer con éxito el mayor desafío de su vida: sacar a Honduras adelante del precipicio a que nos llevó el desgobierno de Xiomara Castro y Mel Zelaya.
Así son las cosas y así se las hemos contado hoy viernes 27 de febrero de 2027.