
La inestabilidad política ha vuelto a asestar un golpe seco en el corazón de Perú. La noche de este martes, José Jerí abandonó el Palacio Presidencial tras ser destituido por el Congreso de la República, cerrando un mandato interino que sucumbió ante un juicio político exprés.
Bajo el argumento de «falta de idoneidad para ejercer el cargo», el Legislativo peruano votó mayoritariamente por su remoción, convirtiendo a Jerí en el séptimo jefe de Estado en apenas una década.
En una escena cargada de tensión, el ahora exmandatario se despidió de su gabinete, encabezado por el primer ministro Ernesto Álvarez, antes de salir de la sede de Gobierno en medio de una fuerte custodia y la incertidumbre social en las calles de Lima.
Con esta caída, Perú se sumerge nuevamente en una crisis de gobernabilidad sin precedentes, confirmando una vez más la fragilidad del sillón presidencial frente a un Congreso que ha normalizado el uso de la vacancia como herramienta de control político inmediato.