
Honduras enfrenta una emergencia vial crítica en lo que va del 2026, con un registro oficial de más de 170 personas fallecidas en accidentes de tránsito. Las autoridades señalan que la imprudencia al volante, el exceso de velocidad y las fallas mecánicas son los principales detonantes de esta tragedia que enluta a cientos de hogares hondureños.
Esta situación ha provocado una saturación en el sistema sanitario, especialmente en el Hospital Escuela, donde se reporta que el 80 % de los ingresos por trauma corresponden a motociclistas jóvenes, generando costos médicos que pueden superar el millón de lempiras por paciente.
Ante este panorama, la Dirección Nacional de Vialidad y Transporte ha implementado medidas preventivas, como el uso obligatorio de chalecos reflectivos durante la noche, en un esfuerzo por reducir la alta siniestralidad. Sin embargo, las autoridades advierten que las normativas no son suficientes si no existe un cambio real en la cultura vial de la población, la cual sigue marcada por maniobras temerarias y el irrespeto a las señales de tránsito. La crisis no solo representa una pérdida irreparable de vidas humanas, sino también un desafío económico y logístico para los recursos hospitalarios del país.