
La disciplina militar es la norma fundamental que rige la conducta, obediencia y jerarquía de las Fuerzas Armadas, en todo el mundo; la disciplina militar está basada en el honor y el respeto a las leyes. Su objetivo es asegurar el cumplimiento de los deberes, la defensa nacional y el orden interno, actuando apegados al marco de la Constitución de la República y los derechos humanos. Los fundamentos de la conducta de los militares para mantenerse en el marco de la Constitución y demás leyes, es la disciplina, que es la base de la estructura y funcionamiento del cuerpo castrense, que exige a los miembros de las FFAA apegar su comportamiento, en primer lugar a la Constitución de la República y demás leyes, y después a los reglamentos específicos que rigen a la institución militar.
En junio de 2009, cuando el Ministerio Público libró orden de captura contra el entonces presidente Manuel Zelaya Rosales, por desacatar la orden de un juzgado de primera instancia que prohibió la celebración del evento denominado «Cuarta Urna», por violar la Constitución de la República, el trámite conforme a la ley, partió del fiscal general, abogado Luis Rubí, actuando en cumplimiento de la Constitución de la República. La acción del fiscal general llegó al Poder Judicial, presidido entonces por el abogado Jorge Rivera, quien delegó la tarea en el juez ejecutor para el caso, abogado Tomás Arita Valle. Un día antes de la celebración de la «Cuarta Urna», por la irreverencia de Mel Zelaya ante la ley, decidido a violar la Constitución, las instituciones civiles, fiscal general y Poder Judicial, le ordenaron a las FFAA ejecutar la orden de captura contra el entonces presidente Zelaya. Y el alto mando militar presidido por el Gral. Romeo Vásquez, fiel a la disciplina militar que les obliga a acatar el mandato constitucional, procedió a ejecutar la orden de captura contra Mel Zelaya.
La expulsión de Zelaya del territorio nacional tiene muchos entresijos, en su mayoría inventados en los mentideros de la política hondureña; tan solo hay uno que se ajusta a la realidad de aquel momento: mantener a Mel Zelaya en Honduras hubiera sido un enorme riesgo, que podía desembocar en enfrentamientos violentos entre los seguidores de Mel, en su mayoría iracundos radicales y las autoridades. Como somos partidarios de Santo Tomás, hasta no ver y comprobar, no creer, mi propia versión obtenida en la fuente más confiable, es que, quien le solicitó al entonces presidente de Costa Rica, Oscar Arias, que recibiera al ya expresidente Mel Zelaya, fue la secretaria de Estado, Hillary Clinton, en una llamada desde un país asiático, donde la señora Clinton efectuaba una gira.
La captura de Mel Zelaya no fue producto de una decisión de las Fuerzas Armadas, mucho menos un acto deliberadamente personal del entonces jefe del Estado Mayor Conjunto de las FFAA, Gral. Romeo Vásquez. Fue el cumplimiento de una orden emanada del fiscal general del Ministerio Público, que a su vez, se limitó a demandar que el presidente Manuel Zelaya acatara la resolución del juez de primera instancia, Jorge Zelaya, prohibiendo la celebración del evento llamado «Cuarta Urna» por violar flagrantemente la Constitución de la República. Ante el desacato de Mel Zelaya, que se ha caracterizado por su irreverencia a la ley, las instituciones vigilantes del respeto a la Constitución, Ministerio Público y Poder Judicial, se vieron obligadas por el comportamiento irreverente de Zelaya, a dictarle orden de captura.
Semanas atrás, el Gral. Romeo Vásquez, al notar que la crisis política era conducida al área militar para que las FFAA, como ocurrió en otros tiempos, actuaran como una especie de tribunal sin serlo, advirtió que no metieran en un problema político a las FFAA, que siendo la «Cuarta Urna» un conflicto propiamente político, fuera resuelto por los políticos. Mel Zelaya profundizó su terquedad para generar más caos, llegando con su necedad de violar la Constitución hasta el propio día fijado para celebrar la «Cuarta Urna», fue entonces que las FFAA tuvieron que ejecutar la orden de captura del Ministerio Público, librada por el Poder Judicial, procediendo a detener al entonces presidente Manuel Zelaya.
Ni las FFAA ni el Gral. Romeo Vásquez actuaron con una deliberada intención de detener por su propia cuenta a Manuel Zelaya. Procedieron a ejecutar la orden de captura actuando con disciplina militar y apegados al respeto a la Constitución de la República. Hay que enfatizar en algo fundamental: las FFAA no capturaron a una persona inocente, obedecieron la orden del fiscal general para capturar a un alto dignatario que se declaró en rebeldía a acatar la resolución de un juez de los tribunales del Estado hondureño, que no es cualquier cosa. La telaraña de mentiras urdida por Mel Zelaya oscureció al gobierno de su esposa Xiomara Castro, al capturar a Romeo Vásquez y otros altos jefes de aquel momento, en una forma tan ilegal como injusta.
Tan inocente es Romeo Vásquez, como también son inocentes los otros exjefes militares que guardan prisión, injustamente, acusados sin más razón por el coordinador del PLR, que la de tener culpables inventados. Lo que procede para reparar esta injusticia producto de una monumental mentira inventada para mantener en vilo a los hondureños, es limpiar la dignidad y el honor de Romeo Vásquez y de los otros ex altos jefes militares. Una injusticia bestial como la cometida contra estos altos jefes militares, solo se puede sanear procediendo lo antes posible a devolverles el honor que les ha sido mancillado por varios años, por una terquedad radical del gobierno de Xiomara Castro y Mel Zelaya.
Así son las cosas y así se las hemos contado hoy viernes 13 de febrero de 2026.