Durante el proceso de transición de poder en el congreso nacional de honduras se descubrió una red de espionaje compuesta por cámaras y micrófonos de alta tecnología instalados en distintas áreas del hemiciclo sin autorización oficial. Los equipos, que tendrían un valor de millones de lempiras, fueron encontrados por el equipo de seguridad interna mientras se realizaban las revisiones pertinentes al cambio de administración y ya han sido desmontados por el personal encargado.
La presencia de estos dispositivos ha generado preocupación entre diputados y personal administrativo, ya que su ubicación estratégica permitiría la interceptación de comunicaciones, grabación de conversaciones internas y el monitoreo de actividades privadas dentro del poder legislativo. La instalación no contaba con contratos, permisos ni registros oficiales, lo que abre interrogantes sobre quiénes los colocaron y con qué objetivo.
El hallazgo se produjo en un momento políticamente sensible, justo cuando se iniciaba un nuevo período legislativo y debía definirse la junta directiva provisional del congreso, lo que ha añadido tensión al escenario político. Hasta ahora no existe una versión oficial completa de las autoridades legislativas sobre los responsables o el alcance de la vigilancia, y el caso se mantiene bajo estricta reserva mientras siguen las indagaciones técnicas y auditorías de seguridad.

