La gestión de Luis Redondo al frente del Congreso Nacional concluyó el 20 de enero tras cuatro años marcados por crisis políticas, división legislativa y cuestionamientos institucionales. Su llegada en 2022 se dio en medio de una fractura histórica, con dos juntas directivas y un Congreso dividido desde el inicio, lo que debilitó la institucionalidad y condicionó toda la legislatura.
Durante su mandato, predominó la falta de consensos, una baja productividad legislativa y prolongadas parálisis, incluyendo más de 100 días sin sesiones en 2023 por la elección del fiscal general. Varias decisiones, como nombramientos desde la Comisión Permanente, la adhesión al CAF y decretos controvertidos, fueron señaladas como irregulares por distintos sectores.
A esto se sumaron críticas por gastos elevados sin rendición clara, manejo de fondos sociales sin transparencia y contradicciones políticas en su trayectoria. Redondo dejó un Congreso fragmentado, cercado por vallas y con fuerte desgaste institucional, cerrando una de las presidencias más polémicas del Legislativo en la historia reciente de Honduras.

