«Celebración de la miseria» – Nery Alexis Gaitán

Nery Alexis Gaitán

Celebrar dos años de gobierno con bombos y platillos como si hubieran hecho algo bien, es un insulto para el pueblo hondureño. Se celebra cuando hay éxitos, cuando se han cumplido las metas, cuando se ha beneficiado al pueblo. No cuando se le ha dado la peor calidad de vida.


No se puede celebrar la miseria, así como no se le puede enseñar la comida al hambriento y no darle de comer. No se puede celebrar ante los desposeídos el haberles mentido descaradamente, y en vez de haberlos ayudarlo, le han saqueado los bienes del erario nacional. Celebrar que el pueblo tiene hambre es una maldad, propia de los peores delincuentes.


No se puede celebrar nada, cuando en estos dos años siguen los femicidios y a nadie le interesa, ni a la mandataria, que son de su género, y no ha dicho ni una palabra al respecto; sólo les importa y les duele hasta el alma a los familiares de las víctimas. Nada se puede celebrar cuando la violencia hacia la mujer continúa sin parar.


No se puede celebrar nada, cuando en los hospitales y centros de salud públicos no hay equipo médico, no hay medicinas, ni una simple pastilla, sigue el trato inhumano a los pacientes que se dializan y a todo el que busca asistencia; desgraciadamente el pueblo va a morir a estos centros. No se puede celebrar nada cuando se le niega el acceso a la salud a los más necesitados.


No se puede celebrar nada cuando por la política anti empresarial del gobierno se cierran constantemente fábricas, maquilas y diversas fuentes de trabajo, provocando que compatriotas desesperados abandonen el suelo patrio buscando el martirio del sueño americano. Tampoco se puede celebrar nada cuando constantemente se están cerrando negocios debido a la extorsión.


No se puede celebrar nada cuando los productos de la canasta básica están más caros cada día, y hay millares de hondureños que no comen los tres tiempos. Nada hay que celebrar cuando se ha incrementado la pobreza y ha desembocado en la miseria.


No se puede celebrar nada cuando se ha incrementado el narcotráfico, las actividades del crimen organizado, y las maras actúan impunemente. Nada hay que celebrar cuando la delincuencia común pulula por todas partes. El pueblo está de rodillas ante los antisociales.


No se puede celebrar nada cuando hay dinero para todo, por ejemplo, para financiar la vida de lujos del gran familión, para andar recorriendo el mundo con numerosas delegaciones, para comprar y rentar camionetas de lujo blindadas, para contratar guardaespaldas por docenas, para establecer contratos lesivos para el país. Pero no hay dinero para invertir en el pueblo. Nada hay que celebrar cuando el pueblo aguanta hambre y vive en la miseria.


No se puede celebrar nada cuando el pueblo repudia y desaprueba la gestión gubernamental en un 70%, que es el índice más alto de rechazo que gobierno alguno ha tenido en nuestra historia. Nada hay que celebrar cuando han fracasado estrepitosamente en la conducción del país.


Por eso nos parece absurdo, innecesario y un horrible despilfarro que hayan tenido el descaro de celebrar dos años, en los cuales han sumido en la mayor miseria al pueblo hondureño. Y como de derrochar se trata, gastaron muchos millones de lempiras contratando 400 buses, dando comida a los asistentes y pagando 500 lempiras por cabeza a los que no asistieron obligados, como los empleados públicos, a los cuales les pasaban lista.


Y de nada les sirvió tanto gasto, que se pudo utilizar para comprar medicamentos, porque al final esa celebración fue un completo fracaso. La asistencia fue poca, sin apoyo popular; el discurso trillado de la presidente Castro no emocionó a nadie. Y, para variar, los buses contratados dejaron a mucha gente abandonada que no sabían cómo regresar a sus hogares; muchos se quejaron que les dieron comida en mal estado.


Celebrar dos años de abusos y despilfarro es un acto malvado.
¡Libre nunca más!