UNA SEGURIDAD INSEGURA

La Secretaría de Seguridad del gobierno, que es el gran estamento de seguridad de la ciudadanía, está atravesando por uno de sus capítulos más complicados de los últimos tiempos, y que repercute en el estallido de violencia que sacude a la nación. Los desacuerdos en las dos cabeceras de la Secretaría de Seguridad apuntalan a una institución bicéfala donde las dos cabezas voltean la mirada cada una por su lado, sin lograr un punto de entendimiento. Y todo el problema se remite a su origen. Con la separación del comisionado Ramón de Jesús Sabillón de la Secretaría de Seguridad, la Dra. Julissa Villanueva no pudo ocultar su inconformidad con el nombramiento del comisionado Gustavo Sánchez en la titularidad, siendo obvio que ella esperaba ser ascendida de la Subsecretaría para convertirse en la titular.  

La expresión de Julissa Villanueva mostrando su disconformidad con el ascenso del comisionado Gustavo Sánchez, de la Dirección de Policía al cargo de Secretario de Seguridad fue dura: «es increíble que se premie al responsable de la tragedia en la muerte de las reclusas en la Penitenciaría», una afirmación encendida que mostraba su descontento y que sin duda calo muy profundo en el sentimiento del comisionado Sánchez. Desde ese momento supimos que en la Secretaría de Seguridad no podía haber trabajo en equipo. La última declaración de la Dra. Julissa Villanueva, afirmando que en la matanza de las reclusas hubo armas oficiales de la misma Policía Nacional, es el desenlace de su desaprobación que confirma que tenemos una Secretaría de Seguridad en tal estado de descalabro que repercute en los resultados de inseguridad que afecta a la ciudadanía.

El problema originario en la Secretaria de Seguridad parte del hecho de que los dos principales cargos, Secretario y Subsecretaria, están repartidos en las dos cabezas del Poder Ejecutivo, el comisionado Gustavo Sánchez responde al asesor del gobierno, Manuel Zelaya Rosales, mientras que la subsecretaria Julissa Villanueva goza de la protección de la Presidente Xiomara Castro, lo que la hace inamovible del cargo y en cierta manera le hace coger alas para plantarse ante el titular Gustavo Sánchez, cuya capacidad pone en duda cuando afirma que en la matanza de las reclusas se usaron armas de la Policía, una declaración que implica a la fuerza policial en el espeluznante hecho criminal.

Sin embargo, el desenfreno de la Dra. Julissa Villanueva que pone en entredicho al organismo del cual ella es parte, parece no tener limite, cuando esta semana denuncio que un vehículo de su escolta fue atacado, pero sin atribuir responsabilidades a nadie. Lo inimaginable es que quien se sintió lastimado con la denuncia de la Dra. Julissa Villanueva fue el actual director de la Policía, General Juan Manuel Aguilar, que en un tono burlesco y con una altanería llena de irreverencia, dijo que la Dra. Villanueva tiene más escoltas que la posta de la colonia Villa Nueva, dando a entender que el supuesto ataque denunciado por Julissa Villanueva era una invención.

En materia de seguridad, en el ámbito militar y policial, hay cuerpos de contrainteligencia que trabajan para detectar y subsanar las irregularidades que cometen los elementos encargados de velar por el orden público y la seguridad de los ciudadanos. Una denuncia como la que hizo en forma publica la Dra. Villanueva debe pasar primero por el tamiz de la contrainteligencia y no directamente a los canales públicos, para la debida comprobación de los hechos irregulares. Desconocer este procedimiento por parte de la Dra. Julissa Villanueva corre en su contra, pero tan grave o más aun, es la forma incorrecta en que el director de la Policía, General Juan Manuel Aguilar, se expresó de su superior, al expresar de manera burlesca, con el estilo político con que lo hacen los funcionarios del gobierno, que la viceministra Villanueva tiene más agentes de escolta que la posta del sector capitalino de la Villa Nueva.

La relación de todos estos hechos arroja como conclusión que en la Secretaría de Seguridad hay una absoluta desconexión entre los altos mandos, y que los mandos intermedios no sienten ningún respeto por la jerarquía como para guardar la mínima consideración al superior. En tal situación, los hondureños no podemos esperar gran cosa en materia de seguridad del Gobierno de la Presidente Xiomara Castro, porque en el organismo que tiene la delicada misión de velar por el orden público y la seguridad de la ciudadanía hay una total desintegración de la jerarquía que lo retrata como una entidad donde impera el caos.

Y mientras el ministro Gustavo Sánchez se siente más sólido que una roca por saber que tiene el respaldo de Mel Zelaya y la subsecretaria Julissa Villanueva goza de la protección de la Presidente Xiomara Castro, la Secretaria de Seguridad se moverá dando tumbos y palos de ciego, sin la posibilidad de ser reestructurada para actuar como una entidad donde se trabaje con una política coordinada desde los mandos altos, hasta los mandos intermedios y todo su cuerpo de agentes, en procura del combate efectivo a los elementos antisociales que, a través de la extorsión están provocando un daño cuantioso a la economía y a la sociedad en general.

Hoy más que nunca, los hondureños estamos bajo un régimen de «seguridad insegura» producto del descalabro imperante en el organismo que, paradójicamente, nos está haciendo el más flaco favor a los hondureños, al desentenderse de su tarea fundamental que es darnos seguridad, para consumir el precioso tiempo en sus líos y conflictos internos, que llega al extremo de auto acusarse de la autoría de crímenes espeluznantes como la matanza de las reclusas en la Penitenciaría.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 7 de diciembre de 2023.