SOBRE LA CORRUPCIÓN

Muchas personas, quizás la mayoría, piensan que la corrupción ha crecido en Honduras porque en el país ya no hay gente honrada en todos los sectores, y que mayormente los ciudadanos que van a la política todos son indecentes, pero no es así, la mayoría de los hondureños somos personas decentes y aunque usted no lo crea, también hay políticos decentes. Lo que ha pasado es que estos últimos han sido arrollados por una avalancha de oportunistas que han irrumpido en la política con el afán de enriquecerse. Urge expulsarlos de ella y la única forma de hacerlo es usar todos los instrumentos que ofrece la ley, siendo los verdaderos políticos, los que actúan en forma decente, los interesados en expulsarlos del escenario político.

Estoy en total desacuerdo con Gabriela Castellanos cuando enfila las baterías del CNA contra todo el Congreso Nacional, por los actos de corrupción cometidos por la junta directiva de este órgano, por lo que no se debe meter en el mismo costal a los diputados del bloque de oposición. Las críticas que se formulen a la directiva del Congreso no se deben disparar en todas direcciones del parlamento, como cuando los francotiradores disparan hacia todos lados para no dejar vivo a nadie. Los 21 directivos del Congreso, respaldados por la bancada del Partido LIBRE, no son todo el congreso, ni siquiera la mayoría, aunque en forma arbitraria han estrujado la ley y han pisoteado la Constitución para tomar decisiones antojadizas, alejadas del cumplimiento de las leyes, para crear figuras ilegales como la pseudo Comisión Permanente, que eligió a los dos principales fiscales en forma interina.

Con ese espíritu de violar la Constitución en forma flagrante, comienza una nueva era de corrupción, llenando la escena política como una niebla, para impedirnos ver con claridad toda las «mandrakadas» que comete la directiva del Congreso Nacional, robándonos junto al dinero que se malgasta a manos llenas en el Congreso, muchos recursos que pudieran ser invertidos en los problemas realmente importantes que se agolpan en una crisis económica que cada vez agobia la vida de los hondureños.

Muchos creen que en una democracia hay más corrupción que en una dictadura, pero eso es un tremendo error. Lo que ocurre es que en una democracia la corrupción se ve más, mientras que la dictadura la encubre, como el gato oculta sus porquerías o el enfermo se cubre las llagas. Aparte de que la dictadura es de por si un modelo de corrupción al secuestrar la libertad. En esa gran altiplanicie alcanzada por las sociedades civilizadas que es el Estado de Derecho, no hay refugio para la tolerancia cuando las arbitrariedades violan las normas de la convivencia democrática.

Hoy empezamos a ver en la actitud fascista del ilegal Presidente del Congreso, Luis Redondo, que sigue en la condición de usurpador, la intención de coartar la libertad de expresión con el falso ropaje de regular la información, un eufemismo usado para encubrir la amenaza a todos los que desde la opinión pública ejercemos el derecho a criticar las actuaciones arbitrarias de todos los funcionarios que actúan al margen de la ley. Callarnos ante la amenaza del ilegal Presidente del Congreso, Luis Redondo, es aceptar que la corrupción en los más altos niveles que se practica en las principales instituciones del país como el Congreso Nacional, es la lógica extensión de la corruptela en todos los niveles del país.

En este caso estaríamos ante una sociedad hondureña corrompida, regida por la «ley de la selva» que es la que impera en la actual directiva del Congreso, en donde la corrupción es tan evidente que ciertos diputados de los partidos de oposición abandonaron las filas del partido que les sirvió de trampolín para incorporarse a LIBRE, después de haber recibido una jugosa gratificación de 500 mil lempiras. Y otro tanto ha pasado con alcaldes que desbarran en el cinismo de decir que LIBRE y Partido Liberal son hermanos políticos.

Se que es muy fácil escribir y decir estas cosas desde un comentario editorial, porque es más difícil llevarlas a la práctica. Pero algo hay que hacer antes de que la corrupción se coma no solo a nuestros políticos sino a nuestra democracia, tan debilitada y flacucha como está. Hay momentos en la vida de los hondureños en que nos preguntamos qué clase de gobernantes queremos aunque en las urnas los ciudadanos de nuestro país han respondido que quieren seguir con los que tenemos.

Por eso votaron como votaron en el 2021, aunque hoy estén arrepentidos hasta lo más profundo de su corazón. Aunque lo cierto es que al haber votado los hondureños como lo hicieron en el 2021, es porque la corrupción no les molesta en lo mínimo y hoy están regidos por el gobierno que se merecen.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 7 de febrero de 2024.