NO SE DEBE RETORCER LA HISTORIA

Hay dos formas de contar la historia: la primera y muy común es haciendo el relato deformado de los hechos, por ignorancia o exprofesamente con el propósito de acomodarla a los intereses personales o de grupos, por creer que de esa manera se gana un sitial momentáneo para cumplir con un determinado propósito. La segunda y definitiva, es haciendo el relato real de los acontecimientos, tal como ocurrieron. Esta última termina imponiéndose con el tiempo, porque en la sociedad siempre hay relatores honrados que se encargan de desvirtuar la tergiversación de los hechos para ubicarlos en su exacta dimensión con sus respectivos protagonistas, y así las futuras generaciones puedan conocer la historia verdadera y no engañadas por las falsedades.

Históricamente ha acontecido que los países ordenados, a lo largo de los años se han encargado de crear registros objetivos de todo lo que pasa en el mundo. En la antigüedad existió la Biblioteca de Alejandría, donde se archivaban los eventos de todo tipo y los libros de los escritores más connotados, hasta que los romanos, cuando se proponían dominar el mundo, decidieron destruirla para que no quedara constancia de muchos acontecimientos en los que el imperio romano no era bien juzgado. 

Actualmente, la Biblioteca del Congreso de EEUU es el archivo mundial que lleva un registro diario de todos los eventos, sucesos y hechos que ocurren en todos los países del planeta, incluso la historia mejor contada de lo acontecido en Honduras, está allí. En 2009, con el trasiego de versiones sobre el derrocamiento del expresidente Manuel Zelaya, vino a nuestro país una misión de tres juristas de la Biblioteca del Congreso de EEUU, a verificar cómo había ocurrido el incidente político que terminó con la salida del presidente Zelaya. La calificación que la misión de abogados de la Biblioteca del Congreso de EEUU dio al incidente político hondureño de 2009 fue la de un «golpe de gobierno», en virtud de que dos poderes del Estado hondureño fueron los que provocaron el derrocamiento del titular del Poder Ejecutivo. 

Meses más tarde, la Comisión de la Verdad integrada por el guatemalteco Eduardo Stein y dos connacionales hondureños respetables, Julieta Castellanos y Omar Casco, al hacer una verificación nacional de lo ocurrido en aquel momento, concluyeron que lo que pasó fue «un golpe al Ejecutivo», casi con igual significado, que los otros dos poderes, el Legislativo y el Judicial, decidieron la salida del Presidente Mel Zelaya a causa de querer imponer la consulta de la «cuarta urna» fuera del marco de la Constitución de la República.

Sin embargo, la historia de este incidente político quedaría incompleta si faltara el elemento «Ministerio Publico», porque fue el fiscal general, abogado Luis Rubí, el funcionario que pidió la ejecución de la orden de captura contra el Presidente Manuel Zelaya, por no acatar una resolución emitida por un tribunal de primera instancia, cuyo titular, el juez Jorge Zelaya, prohibió la celebración de la «cuarta urna» por inconstitucional. El alto mando militar de entonces se resistía a ejecutar aquella orden, girada por el fiscal general a través del Poder Judicial, alegando que era un problema político y que les tocaba resolver a los políticos. 

Ante la negativa del alto mando de las FFAA, el fiscal general Luis Rubí advirtió a los jefes militares que por negarse a acatar la orden del poder civil, como era su deber constitucional, giraría una segunda orden de captura, contra ellos, la que sería ejecutada por la Policía. Fue entonces cuando los jefes militares sometieron a votación interna, si cumplían o no la orden y por mayoría decidieron acatar la instrucción del poder civil. Esta es la historia real y no falseada.

El alto mando militar en 2009 no tomó la iniciativa de derrocar al entonces Presidente Manuel Zelaya, en aquel momento histórico actuó en cumplimiento de una instrucción de dos instituciones que tenían la obligación de velar por el respeto a la Constitución de la República.

Los hechos como sucedieron en aquel año constan en los registros de la Biblioteca del Congreso de EEUU que, igual que lo fue la Biblioteca de Alejandría, es el archivo de la humanidad en el presente. Igual que están registrados en el informe de la Comisión de la Verdad.

Atribuir culpas y admitir responsabilidades que no tuvieron las FFAA, es deformar la historia de Honduras. Los nuevos altos oficiales de la institución castrense deben ser cuidadosos para no cometer, por ignorancia, el error de ensuciar el nombre de la entidad, porque, al admitir la culpa de un golpe de Estado que no existió, le hacen un flaco favor a las FFAA, que no merecen ser denostadas por sus más altos oficiales.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 4 de enero de 2024.