HOMBRES QUE DEJARON HUELLA

Honduras ha perdido varios de sus hombres más valiosos en estos últimos años, cuya ausencia es notoria en estos tiempos cuando lo que más abunda en el país es el oportunismo y el desprecio a los principios. La partida de don José Rafael Ferrari nos dejó huérfanos del más importante liderazgo nacional en los medios de comunicación, donde era un ilustre ciudadano que puso sus experiencias y sus enormes cualidades para facilitar el dialogo y las soluciones que ameritaban las situaciones difíciles, cuando en el país parecían agotarse la paciencia y la reflexión. 

Desaparecido don Jorge Bueso Arias, nuestro país perdió una voz con autoridad moral, no solo para señalar los errores y los abusos cometidos en el sector público, sino para orientar la conducción de los asuntos de interés nacional, en el que los cerebros desgastados que malbaratan los recursos nacionales encontraban una especie de «detente» en el llamado de atención de don Jorge Bueso Arias. Haber traspasado el umbral del siglo, un logro que pocos seres humanos alcanzan en plenitud de facultades, lo hizo una especie de oráculo.

Esta semana, Honduras perdió a otro ciudadano valioso, el empresario don Napoleón Larach, de perfil bajo, porque lo suyo era la permanente dedicación al trabajo, donde fue un verdadero baluarte en el campo de la inversión y el desarrollo empresarial, en que fue un propulsor permanente en la generación de empleo. Laborioso desde su juventud, don Napoleón no solo era un trabajador infatigable, sino que hacía todo lo posible por contribuir y apoyar a toda persona que emprendía una actividad empresarial. Tuve la dicha de conocer y compartir tanto con don José Rafael Ferrari, como con don Jorge Bueso Arias, igual que con don Napoleón Larach, con quien tuve la honra de reunirme en un par de ocasiones, una de ellas en el Club Hondureño Árabe de SPS, en un almuerzo que se nos extendió a unas tres horas de conversación.

Había en don Napoleón Larach un intenso deseo por ver a una Honduras distinta a la que vivimos, pensaba que los gobiernos en su mayoría carecían de visión de país, me contó que había conversado con varios políticos mientras estaban en campana electoral y su decepción fue grande porque al llegar a dirigir los destinos del país, los políticos hacían lo contrario de lo que prometían. Y a eso se debía que Honduras, con tantos recursos, no podía despegar y salir del subdesarrollo. Don Napoleón sostenía que si el gobierno trabajara con la mentalidad y la precisión de la empresa privada, donde la eficiencia y la honradez en el desempeño son factores vitales, nuestro país estuviera en otra situación y la mayoría de los hondureños estarían disfrutando de un nivel de prosperidad donde la pobreza estaría reducida.

En medio de aquella conversación tan enriquecedora para mí, no me aguante las ganas de contarle algunas anécdotas que había escuchado sobre su vida empresarial, en la que abundaban relatos inolvidables sobre su afán de servicio a todo aquel que necesitara comprar algún producto en su famoso almacén-ferretería. Le pregunte que si era cierto que una vez se levantó a las dos de la madrugada para venderle a un constructor 200 libras de clavos que requería de forma urgente para terminar una obra. Don Napoleón me completó aquella historia. Se trataba del contratista de una obra de lotificación que se había retrasado por falta de mano de obra para carpintería. Era a principios de los 70, aquel constructor había podido reunir unos 200 carpinteros de diversas localidades del Valle de Sula y para no perder a ninguno los había convocado a las 3 de la madrugada para comenzar la tarea de avanzar en la construcción de más de 150 viviendas. Al llegar al campamento de trabajo, el contratista se dio cuenta que se había quedado sin el indispensable material que son los clavos. Nos contaba don Napoleón, que aquel lotificador fue a su casa a buscarlo a las dos de la madrugada. Y al escuchar su voz preocupada, no pensó en el negocio sino en lo que podía perder aquel lotificador por la falta de clavos. Tomó su carro, condujo hasta su almacén y personalmente le entregó las 200 libras de clavos al constructor. Días después, don Napoleón contaba con gracia a sus amigos y demás personal de la tienda, que aquella fue la venta más sacrificada de su vida, pero la que más satisfacción le produjo al saber que le había ayudado a un constructor hondureño a no retrasarse en la entrega de la obra de la que dependían unas 200 familias que laboraron en aquel proyecto.

A los que nunca han contribuido a generar un solo empleo en su vida, puede que historias como la de don Napoleón Larach no les resulte importante, porque, especialmente a los que viven de la función pública, les resulta muy fácil y bastante cómodo ganarse un buen salario sin tener que arriesgar ni sudar mucho. En su larga vida empresarial, don Napoleón Larach generó y contribuyó a generar miles de puestos de trabajo. Ese legado con todos sus principios lo heredó a sus hijos y demas descendientes, por lo que en su vida se tuvo muy bien ganado el trato lleno de respeto que solo se da a los grandes hombres. Don Napoleón Larach fue un gran señor, una persona a la que el DON no le sobraba ni le quedó grande. Tratarlo siempre como «Don Napoleón», no fue solo por asunto de edad o de riqueza, fue por su verdadero don de gente, por su rectitud en todas sus actuaciones, en las que participó como un líder activo en el desarrollo del Valle de Sula.

Su ausencia deja un inmenso vacío, que por dicha tiene en su hijo Luis, un digno heredero, por haber asimilado la afabilidad, la rectitud y demás principios, así como el espíritu de servicio que lo denota como un líder nacional, que está a la altura de su padre. Cuando Honduras pierde a este nivel de hombres, como don José Rafael Ferrari, don Jorge Bueso Arias y don Napoleón Larach, que han dejado una huella positiva, la esperanza que le queda al país es saber que sembraron lo mejor de su sangre dejándole al país buenos herederos con principios y sabiduría, que hoy honran a sus padres, haciendo de la mejor forma lo que ellos hicieron por Honduras.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy viernes 19 de enero de 2024.