EL TURNO DE LOS LIBERALES

Dieciséis años fuera del poder hacen del Partido Liberal el menos contaminado y el que tiene mayor autoridad para sostener la bandera de la democracia mediante el ejercicio alterno del poder, presidiendo una futura coalición política con capacidad para aglutinar a todos los sectores políticos del país. Es evidente que la buena aceptación que ha surgido para el Partido Liberal no es asunto de pura casualidad. Si bien los electores confían menos en los viejos partidos, esta vez los jóvenes ponen la mirada en el Partido Liberal, por ser el partido que atrae a lideres de otros partidos que son factores que atraen a la juventud.

Es el caso de Salvador Nasralla y Jorge Cálix, ambos poseedores del carisma por el que se decantan los jóvenes. Cálix y Nasralla tienen el mismo espíritu irreverente, alejados de los viejos moldes de la política que respondían a los caudillos. Hoy, el caudillismo político, por mucho que se quiera disfrazar para sobrevivir, está viviendo los estertores de la muerte, porque los jóvenes que son los predominantes en los eventos electorales, detestan a todos aquellos viejos líderes a los que se les atribuye el arte del manipuleo.

Los liberales de viejo cuño no deben objetar la presencia de Nasralla y Cálix, porque ambos llegan a reverdecer los laureles del liberalismo. Ambos tienen la energía confrontativa que perdieron los liberales, y los que digan que ni Nasralla ni Calix son auténticos liberales, es porque ignoran que el liberalismo no responde a ninguna vieja receta política, porque el liberalismo no es doctrina ni filosofía. Los pensadores liberales hablaron con claridad: el liberalismo es la plenitud de libertades. Todo ciudadano que se planta en la plataforma del liberalismo es porque profesa la convicción de defender las libertades.

Son liberales, sin distingo de uniformes ni colores de banderas, los ciudadanos que defienden el derecho de vivir en un sistema de libertades, donde la única limitante es el respeto a la ley, comenzando por nuestra Constitución. Mel Zelaya en el 2008 exhibió su antiliberalismo cuando pronuncio la peor blasfemia política contra la ley, al declarar que la Constitución era un libro preñado por haber sido violada tantas veces. De un ignorante de la ley se puede esperar esa y otras sandeces, porque muchas malas personas pueden violar la Constitución, pero no la pueden hacer desaparecer, mientras subsistan millones de ciudadanos que mantienen en su sentimiento y en su cerebro el deseo de apegarse a la ley.

Tantos años después de los sucesos políticos del 2009, donde hubo un intento de golpe de Estado y un contragolpe efectivo que lo evitó surge una demanda creciente de la ciudadanía hondureña por una coalición opositora integrada por líderes que crean y defiendan las libertades, integrada por líderes políticos que trabajen en un clima de transparencia, que no se oculten en la oscuridad para maniobrar en perjuicio de la democracia. En Honduras, como en muchos países que han perdido el espíritu para luchar por la libertad, sobran políticos amantes de la oscuridad que viven obsesionados con mirarse el ombligo, poniéndose de acuerdo con las otras élites tradicionales para controlar los ámbitos de poder. 

Que lideres como Nasralla y Jorge Cálix se incorporen al Partido Liberal es una bocanada de aire fresco para este partido que pertenece a la tradición política; aferrarse al pensamiento anacrónico de que nadie que no haya nacido en la cuna del liberalismo tradicional puede aspirar al poder, es el pensamiento radical de antaño impuesto por los caudillos, que no daban el visto bueno a nadie que no saliera de la manga de su camisa para buscar el poder.

Los tiempos han cambiado, el pensamiento de nuestra gente ha evolucionado para superar las teorías que dictaban los caudillos, que, como chamanes, imponían sus caprichos como soluciones mágicas, pero la juventud por excelencia es rebelde, rechaza que se le diga que determinado líder del partido es el hombre fuerte y que sin su padrinazgo nadie puede aspirar a un cargo importante. Ese tiempo está superado, los jóvenes se guían por su propio sentimiento y ponen su vista en lideres que igual que ellos tienen pasión por la irreverencia. Y tanto Jorge Cálix como Salvador Nasralla tienen el denominador común de ser irreverentes.

Ambos conectan con la juventud, y tienen el espíritu liberal de luchar por las libertades, por lo tanto, a los que se acobijan en forma tradicional en la bandera rojo-blanco-rojo, o como a los independientes que no se identifican con determinado partido, tanto Nasralla como Cálix les atraen por sus posiciones irreverentes, que han demostrado cuando prefieren salir de las esferas de poder y buscar espacios en el partido que ha dado oportunidades a muchos ciudadanos para buscar el poder, entre los cuales estuvo Mel Zelaya.

En el 2025, el turno parece estar destinado a los liberales, que con el liderazgo de Jorge Cálix y Salvador Nasralla se reverdece para fortalecerse. Ambos llegan al Partido Liberal con el pensamiento crítico y sin la tentación de imponer un pensamiento único, que es de lo que han escapado al alejarse de LIBRE. Vienen al escenario liberal, donde se combate el nepotismo y la centralización de poder. Han de saber tanto Cálix como Nasralla, que donde reine el enchufismo habrá un liberal defendiendo el pensamiento crítico, y reivindicando el mérito y la capacidad. 

Y donde los extremistas intenten quebrar la convivencia, los liberales estarán amparados en la Constitución defendiendo el régimen de libertades. Es el papel que nos ha tocado jugar a los liberales y que estamos dispuestos a seguir jugando.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy viernes 5 de julio de 2024.