EL GOBIERNO RENUNCIA A LA CICIH

El escozor demostrado por el gobierno, por el informe de corrupción de TRANSPARENCIA INTERNACIONAL divulgado por ASJ, lanzando ataques desde todas las ventanas del sector oficial contra el organismo de sociedad civil, no es la mejor salida que le puede ayudar a los fines combatir el grave problema de la corrupción. El gobierno está en su derecho de aclarar, como procede en este y otros casos, lo que cree que no corresponde a la verdad, pero, la defensa no debe fundarse en ataques iracundos que trascienden a la amenaza, al estilo del gobierno de Ortega en Nicaragua.

La corrupción en Honduras no necesita ser escudriñada, hay actos como el nepotismo oficial que desnudan el poco cuidado del gobierno, que no ha tenido siquiera la delicadeza de guardar las apariencias. La colocación de familias enteras afines al partido gobernante en los diferentes cargos públicos es la evidencia axiomática de un mensaje del gobierno que puede contravenir las reglas de la ética como le plazca, sin que nadie le tenga que pedir rendición de cuentas.

En un momento en que, el gobierno ha empeñado su palabra con personeros de la ONU, para firmar un nuevo acuerdo que haga posible la instalación de la CICIH, rechazar con amenazas el informe de corrupción de Transparencia Internacional es casi una renuncia al apoyo solicitado a la ONU para combatir el flagelo de la corrupción. Hay actos que no compaginan con la prédica y la reacción virulenta a los señalamientos de Transparencia Internacional expone muy mal al gobierno, por lo que dudamos que en la ONU los ataques lanzados contra el organismo de sociedad civil pasen inadvertidos.

Ningún gobierno democrático puede nadar contra la opinión pública, y la sociedad civil es el bastión principal que aglomera el gran contexto de la sociedad en general, donde lo primero que se exige es que un gobierno sea transparente en todas sus acciones que tienen que ver con la dirección y ejecución de los asuntos públicos. Frente a esta conducta de la sociedad civil, el gobierno no puede dar un paso atrás y ponerse a la defensiva. Tiene derecho a desvirtuar o aclarar todo lo que se le achaque que está mal y que, por consiguiente, es contrario al interés colectivo.

Pero, cuando el gobierno prefiere acudir al antagonismo, y ante el señalamiento de corrupción de Transparencia Internacional reacciona como si le brotara una urticaria, la percepción dentro y fuera de Honduras es que no hay interés de combatir la corrupción. Atacar a ASJ por hacer trascender el informe de Transparencia Internacional, es la soflama incendiaria del populismo que no le conviene practicar al Gobierno de Xiomara Castro, que se precia de estar ubicado en el modelo del socialismo democrático que no busca relacionarse con el fascismo.

Por pura autoestima, el gobierno en lugar de replicar con ataques y amenazas en contra de ASJ, debió responder haciendo las aclaraciones que considere que le abonan. Al reaccionar con una confrontación abierta desde las redes sociales y con amenazas públicas como la que hiciera este día el ministro Tomás Baquero, el gobierno crea un clima desfavorable a la instalación de la CICIH en la ONU, en cuya sede central es seguro que se ha hecho la anotación de las reacciones del gobierno al informe de Transparencia Internacional.

Hasta se podría pensar que el informe de corrupción de Transparencia Internacional, que es el gran órgano vigilante de la sociedad civil en el mundo, fue una especie de termómetro para medir la verdadera temperatura del Gobierno de Xiomara Castro, para observar qué clase de brillo reflejaba para decidirse a apoyarlo o no, en la instalación de la CICIH. 

Con la reacción virulenta contra el informe de Transparencia Internacional, pienso que en la ONU perciben que el Gobierno de Xiomara Castro dio un paso atrás en la instalación de la CICIH.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy viernes 2 de febrero de 2024.